Conoce cada palmo del parqué de baloncesto, que pisó por primera vez con 17 años, un comienzo tardío para el exbaloncestista ferrolano Lucho Fernández, que había empezado en el fútbol.
“Mis hermanos y todos mis amigos jugaban al fútbol y entonces yo también. Jugaba de lateral izquierdo, aunque yo era diestro y malo como el demonio (risas). Un día me dijeron de ir a jugar al baloncesto y me animé”, recuerda Lucho.
Una carrera corta, pero prolífica y en la que fue sorteando bastante las dolencias. “Tuve la suerte de que no tuve lesiones graves, por eso la pude alargar un poco más”, admite. ¿Y por qué decidió retirarse en 2014? “Me cansé de viajar, no de jugar (risas). No tenía ganas de seguir viajando. En mi última etapa los viajes ya eran en bus, en coches, incluso íbamos en furgoneta y con 37 años ya no estás para esos trotes. Quería pasar los fines de semana en casa, con mi mujer y mi hija. Cuando jugabas el vestuario era tu familia, personas con las que pasabas 10 meses. Lo dejabas todo por hacer lo que te gustaba”, puntualiza.
Dos años antes de retirarse ya comenzó a dar forma a su futuro más allá de la cancha con la creación Orange Ball Dreams, una agencia de representación de jugadores, jugadoras y entrenadores de baloncesto. “La monté yo solo en 2012, cuando aún estaba jugando. Quería seguir vinculado al baloncesto, que era mi vida y de lo que sabía. Empecé sin ninguna ayuda, hablando con compañeros y fui reclutando jugadores, entre ellos Luis”, rememora.
Luis Otero, un ala-pívot gallego que se quedó en la lista de tres reservas del Europeo de Zaragoza de la generación de Ricky Rubio, coincidió con Lucho, él empezando su carrera y Lucho ya encarando su cenit.
“Nos conocíamos de mi etapa en Ferrol y luego volvimos a encontrarnos en el Breogán. Lucho hizo un trabajo de padre, de veterano, nos ayudaba a los jóvenes y empezamos a tener contacto”, apunta. Otero perdió el quinto partido de la fase de ascenso a Oro con Gandía ante el Canoe. Primero Lucho fue su representante, pero después su relación fue un paso más allá. “Necesitaba ayuda porque no podía encargarme de todas las ligas, de España y de fuera. Conocía a Luis desde niño y le fui enseñando como era este mundillo”, explica Lucho.
“Al principio me daba un poco de vértigo porque no estaba acostumbrado a los despachos”, reconoce Otero, que se encarga actualmente de la representación de jugadoras. Con medio centenar de miembros aseguran que la clave es la familiaridad y el hacer que sus representados se sientan arropados en todo momento y acompañados durante su carrera, haciendo un seguimiento deportivo y humano.
Dos generaciones unidas |
Lucho Fernández (Ferrol, 1975) comenzó en el CB Galicia. En el Bilbao Basket ascendió a ACB. Con el TAU (actual Baskonia) ganó la Liga, la Supercopa, disputó la ‘Final Four’ y perdió la final de Copa del Rey ante el Joventut. Pasó, entre otros, por Ourense, Marín y Baloncesto Narón, donde se retiró. Luis Otero (Ferrol, 1989) fichó por la cantera de Estudiantes con 15 años, se quedó a las puertas de jugar un Europeo en categorías inferiores y jugó en España en Segunda FEB (antigua LEB Plata) y en la Primera lusa.
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