El Cádiz no guarda buen recuerdo de sus viajes a la ciudad herculina, a la que vuelve este domingo después de un lustro, especialmente de una de ellas, en las que el SuperDépor puso fin a edad de oro del equipo de la ‘tacita de plata’.
5 de junio de 1993. Antepenúltima jornada de Primera División. El Dépor, que dos semanas antes certifica su primera presencia en competición europea, aún mantiene opciones de ganar la Liga. El Real Madrid es líder con 53 puntos, seguido del Barça (52) y los blanquiazules (50). El Cádiz no tiene opciones matemáticas de salvación, pero sí puede evitar el descenso directo. Es penúltimo con 22 puntos. El Albacete, en el primer puesto de promoción, suma 26. Solo una victoria en Riazor vale a los gaditanos para seguir soñando con una novena campaña consecutiva en la élite.
Lo de aquel Cádiz tiene miga. Tras su primer ascenso a la máxima categoría, en 1977, se convierte en equipo ascensor con siete cambios de categoría hasta que en 1985 da el salto definitivo. Allí comienza su edad de oro. Sus resultados no son brillantes, pero se mantiene durante ocho temporadas en Primera con un grueso de jugadores gaditanos como Linares, Amarillo, Francis, Escobar, Dieguito, Juan José, Montero, Villa, los hermanos Mejías, Manolito, Cortijo, José o Calderón y algunos extranjeros de alto nivel, como el guardameta húngaro Szendrei, el argentino Husillos, el uruguayo Zalazar —padre del exdeportivista Kuki— y, sobre todo, el genio salvadoreño Mágico González.
La mejor posición de aquel Cádiz es la duodécima, en la campaña 1987-88. La mejor de su historia, igualada hace cuatro años por el equipo de Álvaro Cervera. Para el club, el mayor triunfo es mantenerse en Primera, y lo pelea con uñas y dientes hasta el último minuto del último partido. En la temporada del playoff acaba último la Liga regular y la propia liguilla. La única plaza de descenso, sin embargo, se decide en un triangular entre los tres últimos que se disputa gracias a la picardía del presidente amarillo Manuel Irigoyen. El Cádiz empata ante Racing de Santander y Osasuna, y la victorias de los navarros sobre los cántabros manda a Segunda a estos últimos.
Un triunfo en la jornada final de la campaña 1988-89 le evita el mal trago de la promoción. En el curso 1989-90, un gran tramo final —cuatro victorias por la mínima en las cuatro últimas jornadas— de la mano del técnico británico Colin Addison le dio la permanencia.
El Cádiz no puede escapar de la promoción en las temporadas 1990-91 y 1991-92. En la primera, regatea al descenso directo con dos victorias y un empate en las tres últimas jornadas, antes de sobrevivir a una terrible eliminatoria contra el Málaga, resuelta en la tanda de penaltis con dos paradas decisivas de Szendrei. En la segunda, un triunfo y tres igualadas le salvan en detrimento del Valladolid. Mientras el Dépor suda su permanencia ante el Betis, los gaditanos conservan su plaza en la élite con comodidad ante el Figueres: 2-0 en el Carranza y 1-1 en Vilatenim.
La conversión en SAD es turbulenta. La ciudad y sus empresarios dan la espalda al club. El ayuntamiento asume el accionariado mayoritario, pero poco después lo vende, a través de Irigoyen, a un grupo de inversores encabezado por el presidente del Atlético, Jesús Gil.
El curso 1992-93 parece que se puede repetir la historia. El Cádiz solo gana 2 partidos en toda la primera vuelta, aunque araña 7 empates que le mantienen con vida. Al ecuador de la Liga llega fuera del descenso directo. Ramón Blanco, vimiancés de nacimiento, argentino de formación y gaditano de corazón, releva a José Luis Romero en el banquillo. Sin embargo, el despegue del Logroñés de la mano del argentino Carlos Aimar condena al Cádiz, que suma los mismos puntos (11) en la segunda vuelta que en la primera.
El Deportivo forma aquella funesta tarde para el Cádiz con Liaño; Rekarte, Albístegui, Djukic, Ribera, Nando; José Ramón (Marcos Vales, m.89), Mauro Silva, Fran; Bebeto y Claudio. Los visitantes, con seis gaditanos en el once inicial, saltan al césped de Riazor con Tubo Fernández; Francis, Carmelo, Oliva, Raúl (Fali, m.65), Quevedo, Javi (Quino, m.76), Bernardo, Barla, Arteaga; y Kiko. Arbitra el madrileño Núñez Manrique.
El Cádiz no da la impresión de ser el equipo malherido que dicta la clasificación. Al menos durante la primera mitad. El Dépor no encuentra la forma de superar a Carmelo y Oliva, inexpugnables por alto. Tampoco encuentra fisuras el equipo de Arsenio Iglesias por las bandas, con Raúl y Francis bien plantados. Los andaluces achican espacios y hacen incurrir en fuera de juego a los coruñeses en numerosas ocasiones.
El guion cambia radicalmente a los cuatro minutos de la segunda parte, cuando Ribera cabecea al fondo de las mallas un centro de Nando. El Cádiz se abre. Crea claras ocasiones, por medio de Kiko, Tilico y Barla, pero no las aprovecha. Ramón Blanco introduce a Fali, un delantero, por Raúl, su carrilero izquierdo. Con espacios, solo dos minutos después, Fran encuentra a Bebeto, que es objeto de penalti. El propio brasileño lo transforma en el 2-0. Djukic cierra el marcador cerca del pitido final. El Cádiz está en Segunda.
Doce meses y cuatro entrenadores después, el conjunto gaditano sufre su segundo descenso consecutivo, dando con sus huesos en la tercera categoría por primera vez en dos décadas y media. Al mismo tiempo, al Deportivo se le escapa la Liga por un suspiro.