La culpa repartida en la soledad del ‘9’ del Dépor
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La culpa repartida en la soledad del ‘9’ del Dépor

La culpa repartida en la soledad del ‘9’ del Dépor
Iván Barbero, delantero del Deportivo, se tapa la cara con la camiseta durante la celebración de un gol de los jugadores del Racing de Santander en Riazor | Foto: Quintana

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En el Deportivo actual ser delantero no es un ejercicio de lucimiento. No lo era para Iván Barbero y tampoco lo está siendo para Zakaria Eddahchouri. El puesto de ‘9’ en este Dépor es un trabajo de fondo, de paciencia, de espera. Una tarea con poco brillo y mucho desgaste. El área es su destino, pero el camino hasta ella está lleno de sombras.


Hay equipos que buscan a sus delanteros y otros les piden un trabajo menos vistoso. El Dépor transita por la segunda vía. Por el estilo de juego y por las características del resto de los atacantes, que absorben mucho balón, el delantero blanquiazul debe convivir con cierta soledad. Desde su llegada al club coruñés en el mercado de invierno, Eddahchouri ha exhibido la movilidad que prometió en su presentación. Ha demostrado su capacidad para caer a las bandas y sobre todo para lanzar desmarques de ruptura muchas veces ignorados por sus compañeros. Es decir, ya sabe que tendrá que aparecer justo cuando toque. Tendrá que estar en el momento y en el lugar adecuado. Calidad por encima de cantidad.


El neerlandés comenzó su aventura como delantero del Deportivo con buen pie, con un tanto en su primer encuentro como titular, pero eso no le ha garantizado protagonismo con el balón. Los números son elocuentes. En los ocho partidos que ha disputado como deportivista —siete como titular—, el ariete promedia apenas 22,9 toques por encuentro. Una cifra que lo sitúa en la periferia del juego, incluso en los días en que el Dépor logra dominar con claridad.

 

Eddahchouri
Zakaria Eddahchouri, durante el partido ante el Car5tagena | Foto: Quintana


Su debut ante el Eibar, con apenas 20 minutos, dejó ya un aviso: nueve toques, casi todos en duelos aéreos sin continuidad. Su primer partido como titular, en Almería, fue el retrato perfecto del delantero funcional. Participó poco —19 toques, ocho pases intentados, seis exitosos— pero en una de sus primeras intervenciones ya había marcado gol.


En los siguientes encuentros, sus cifras de participación se movieron siempre en márgenes bajos. Contra Eldense (25 toques), Huesca (26), Oviedo (23) o Castellón (17), Eddahchouri fue un actor secundario en la circulación del Dépor. Solo en contadas ocasiones logró tener más presencia, como en el partido frente al Córdoba —36 toques y 15 pases intentados—, coronado además con su segundo gol como blanquiazul, o en Cartagena, en un contexto radicalmente distinto: con el Dépor jugando con un futbolista menos durante casi todo el partido, el ariete de origen marroquí alcanzó su récord de pases intentados (21) y de acierto (18). Una anomalía.


Su último duelo ante el Racing de Ferrol volvió a devolverlo a su lugar habitual: 17 toques y nueve pases intentados, seis de ellos completados. Un dato que, lejos de ser una señal de pasividad, refleja el rol que el sistema blanquiazul le asigna al ‘9’: ser paciente, esperar el momento y, en muchas fases, vivir en la sombra.

 

Comparación con Barbero

Comparar sus registros con los de Iván Barbero, su antecesor en la titularidad, solo refuerza la tesis. El delantero almeriense, de un perfil más físico pero también sacrificado en el esfuerzo, promedia incluso menos toques que Eddahchouri: 17,3 por partido. Su producción de pases acertados es igualmente baja (5,7 por encuentro), con un porcentaje de acierto del 63%, frente al 78% que registra Zakaria.


No obstante, cabe destacar que Barbero sigue siendo el máximo asistente del Dépor (empatado con Mella), con cinco pases de gol. Un registro que aumenta el valor de las reducidas intervenciones del punta. 


Más allá de los números, lo que estas cifras describen es un patrón de juego. El Deportivo ha construido un modelo en el que las alas mandan. Mella y Yeremay monopolizan un gran número de finalizaciones y el delantero, mientras tanto, fija, arrastra, distrae. Es una referencia, en muchas ocasiones, invisible. El peón que se mueve para que las torres brillen. Su principal tarea no es intervenir demasiado, sino aparecer en el momento oportuno.

 

La otra cara de la moneda

El estilo de juego y las características de los atacantes no son las únicas razones que explican la soledad del ‘9’. Parte de la responsabilidad también recae en los puntas. En la primera mitad del curso, ni Barbero ni Bouldini se convirtieron en elementos integrados en el juego y tampoco suplieron la falta de comunicación con acierto de cara a puerta. La llegada de Eddahchouri ha mejorado las cifras de participación del ‘9’, pero el Dépor sigue manteniendo el mismo rol para su punta: vivir a la espera de su momento.


El Dépor debe hacer un esfuerzo para integrar a sus delanteros en el engranaje colectivo, mientras que los puntas afrontan una doble tarea de cara al tramo final de Liga: reivindicar su importancia en el juego y, sobre todo, marcar diferencias en su función principal, el gol. 

La culpa repartida en la soledad del ‘9’ del Dépor

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