Yeremay Hernández, el virtuoso extremo del Deportivo, es uno de esos futbolistas que desafían etiquetas. Desde su irrupción en el primer equipo –o desde cuando cada uno lo haya visto por primera vez–, bastaba solo un vistazo a su juego para asociarlo de inmediato con el regate, la imaginación y la capacidad de sortear rivales en espacios reducidos con una facilidad pasmosa. Es un mago con el balón, un futbolista capaz de generar expectación con cada toque, con cada giro inesperado. Sin embargo, hay una cualidad suya que, aunque menos comentada, se está convirtiendo en igual de determinante con el paso del tiempo y con el proceso hacia su madurez física: su velocidad. Ese esprint, con unos primeros metros explosivos, que lo vuelve inalcanzable. Es un arma letal que ha sido clave en muchos de sus goles en su primera temporada en Segunda División.
El fútbol de Yeremay es una combinación de fantasía y (cada vez más) eficacia. Su talento en el uno contra uno le permite abrir huecos donde parecen no existir, y su capacidad de asociación está en constante evolución. Pero si hay un aspecto que le ha permitido marcar la diferencia esta campaña en el Deportivo, es su capacidad de despegue. Sus primeros diez o quince metros son pura dinamita, un cambio de ritmo fulgurante que deja atrás a sus marcadores con una facilidad asombrosa. Su amigo y compañero, el también canterano David Mella, siempre fue considerado un prodigio precoz de velocidad, pero el trabajo físico de Yeremay le ha llevado a adquirir una potencia, sobre todo en ese primer tramo de carrera, que no tiene nada que envidiarle a nadie. Sus arrancadas son un espectáculo y han sido el motor de cinco de sus once goles esta temporada, cinco tantos en los que el factor diferencial ha sido su rapidez.
A pesar de haber atravesado un pequeño bache en su juego en los últimos meses, donde su fútbol ha sido menos deslumbrante en términos creativos, su impacto sigue siendo determinante para el conjunto blanquiazul. El canario ha seguido marcando, ha seguido rompiendo líneas con su aceleración, ha seguido siendo un jugador al que el rival teme por su capacidad para castigar cualquier descuido. Y esos cinco goles son la prueba más clara de que el ‘10’ no solo brilla en espacios reducidos, sino que es letal cuando encuentra metros para correr. Cinco cabalgadas memorables que están dejando una huella imborrable en la temporada del Deportivo.
El primer aviso llegó en el Carlos Belmonte, en la contundente victoria por 2-5 ante el Albacete. Dani Barcia envió un pase largo que Iván Barbero ganó al central Jon García. El balón quedó dividido y Yeremay, siempre pillo, punteó el esférico adelantándose a Ros, el otro central albaceteño. Un gesto que fue suficiente para encender la mecha. A partir de ahí, desató un esprint imparable, una carrera corta en la que ningún defensa local pudo ni siquiera acercarse a su estela. Llegó al mano a mano y resolvió con una definición impecable, enviando el balón cerca del larguero. Un gol de oportunismo, velocidad pura y ejecución quirúrgica.
La segunda obra de velocidad tuvo lugar en Cartagonova, en otra goleada rotunda, un abultado 1-5. Yeremay firmó un doblete aquella tarde, como en Albacete, y su segundo gol fue una muestra cristalina de su capacidad para dejar rivales atrás. Lucas Pérez vio su movimiento y le envió un pase en profundidad. Martín Aguirregabiria intentó cerrarle el paso, pero Yeremay le sacó las pegatinas en un abrir y cerrar de ojos. Controló el balón con la planta del pie, sin perder ni un ápice de velocidad, y encaró la portería con la frialdad de los grandes. Su definición con el interior, rasa y precisa, dejó sin opciones a Pablo Cuñat, uno de los mejores arqueros de la categoría.
En La Rosaleda, en un duelo contra el Málaga que terminó en empate, el canario marcó un tanto que es la esencia de su actual fútbol. Mario Soriano le encontró en tres cuartos de campo y, en un solo movimiento, Yeremay combinó control y autopase para superar a Jokin Gabilondo. ¿Control defectuoso o gesto deliberado? De todas formas, el ‘10’ lo convirtió en un destello de creatividad, sobre todo por lo que vino después: una aceleración devastadora que le permitió internarse en el área y definir con la zurda al segundo palo, fuera del alcance de Alfonso Herrero. Imaginación, velocidad y precisión. Todo lo que hace especial a Yeremay, comprimido en un solo gol.
Si hubiera que elegir un gol que resumiera todo lo que Yeremay puede hacer sobre un campo de fútbol, sería el que anotó en Castalia ante el Castellón. En los primeros minutos del partido, José Ángel robó un balón en el centro del campo y se lo entregó al ‘10’, que se inventó una maniobra de videojuego: una croqueta rapidísima, un regate de fugaz que dejó atrás a Daijiro Chirino. Ya con campo por delante, su explosión fue imparable. Se lanzó en carrera, Juan Escobar no le pudo detener ni tratando de agarrarlo y quebró en el mano a mano a Gonzalo Crettaz con una pisada elegante antes de empujar el balón a la red, sorteando el intento desesperado de Van den Belt bajo palos.
El último de sus goles en carrera llegó en el derbi ante el Racing de Ferrol. Esta vez, el canario partía desde la banda derecha. “La posición de Yere, intentando estar fuera-dentro, incluso nos dio esa opción del gol, que viene de ahí, de estar en el espacio entre lateral y central”, comentó Óscar Gilsanz tras el encuentro. Así fue. Villares, con una visión excepcional, vio la arrancada del extremo y filtró un pase perfecto. Yeremay aceleró, dejó atrás al lateral Brais Martínez, que desistió en la carrera, y al central David Castro, que al menos intentó alcanzarlo hasta el final, antes de encarar a Yoel Rodríguez. Aunque su definición no fue la más limpia, el balón acabó en la red, dándole al Deportivo una victoria clave. Otra muestra de que su velocidad sigue marcando diferencias.
Yeremay ya es más que un regateador, más que un artista en espacios reducidos –que no sería poco en un fútbol actual sin encaradores–. Su fútbol tiene muchas caras y una de las más determinantes es su capacidad para destrozar defensas con su aceleración. Sus primeros metros son frenéticos y en ellos ha encontrado un arma que le ha permitido sumar goles y acciones fundamentales para el Dépor. La magia está en la pausa, en la finta, en el engaño, en la frenada. Pero si a esas virtudes se les suma una velocidad diferencial, Yeremay también se convierte en letal a campo abierto.