Juan Copa, actual entrenador del Liceo, fue el segundo de José Querido en la etapa del portugués en A Coruña (2006-2009). Paralelamente, llevaba al hijo de este, Luis Querido, en el filial y en el júnior que fue campeón de España en 2009, y de rebote, se convirtió en una especie de mediador entre uno y otro cuando los dos coincidían en el primer equipo. Un aprendizaje que años después le serviría para lidiar con los avatares de dirigir a su propio hijo en las filas verdiblancas, un Jacobo Copa que en aquel momento solo tenía tres años y que era una especie de mascota de los mayores, a los que acompañaba a todas partes. “Lo vi crecer, era un niño. ¡Y ahora coincidimos en pista en unos cuartos de final de la Champions! Fue raro, pero muy pero que muy especial”, reconoce el ahora capitán del Barcelos. Hoy se volverán a enfrentar en la vuelta (Municipal de Barcelos, 22.30 horas), el choque definitivo para saber quién pasa a la Final a Cuatro.
Luis Querido: "Vi crecer a Jacobo Copa. Coincidir en pista en cuartos de final de una Champions con él fue raro pero muy especial"
“Yo no puedo ir”, se lamenta José Querido, que actualmente reside en Alcobaça, donde entrena al equipo local, el Alcobacense de la segunda división portuguesa. Hay casi trescientos kilómetros entre las dos localidades y tendrá que conformarse con verlos por la tele, como hace siempre. “No me pierdo ningún partido del Liceo ni del Barcelos”, asiente. Tampoco el 4-6 de ida de la semana pasada en Riazor. “Fue un gran partido, muy bien jugado por los dos. Decidieron las individualidades del Barcelos, pero el Liceo demostró que es un gran equipo y a pesar de ir por detrás nunca se rindió y consiguió dejar abierta la eliminatoria para la vuelta”, analiza el técnico, que ha visto cómo el pupilo superó al maestro: “Juan Copa ya era un gran entrenador cuando yo estuve con él en Coruña. Y en el tiempo que lleva en el Liceo está demostrando que solo hace cosas buenas. Todos los años tiene que montar un equipo nuevo para luchar contra los grandes de España y Europa. Y pienso que este momento es uno de los mejores entrenadores en Europa”.
Su hijo Luis comparte predilección por el actual entrenador liceísta. “Hablo con mucha gente de Coruña y Copa es una de esas personas que quedarán para toda la vida”, dice. “Es muy amigo de mi padre, fue mi entrenador y me marcó muchísimo. Me hizo crecer un montón y le agradezco todo lo que hizo por mí. Pero ahora estamos en dos equipos diferentes... Y yo tengo que ganar”, bromea. En general, guarda muy buenos recuerdos de su paso por A Coruña. Llegó con 16 años, se fue con 19, una edad que deja huella en el crecimiento de un adolescente que se está preparando para la vida adulta. “Para mí Coruña siempre es especial por todo lo que viví allí. Tengo muy buenos recuerdos y ojalá volver muchas veces”, reconoce.
“Fueron unos años magníficos”, apunta también su padre. “Pienso que todos disfrutamos y cuando vuelvo es una fiesta. La ciudad es maravillosa. Las personas son muy amables. Y el club es conocido mundialmente”, añade. Quizás se sintieron tan en casa por ese hilo invisible que une a Liceo y a Barcelos pese a los kilómetros de distancia. “Tienen una historia muy similar, son equipos que luchan por ganar pero que saben que parten por detrás de los demás en presupuesto, condiciones y jugadores. Pero son equipos que siempre están hasta el final luchando por los títulos. Va en nuestro ADN”, confirma el hijo y su progenitor sube la apuesta. “Para mí son dos clubes que dignifican el hockey sobre patines”.
José Querido: "El Liceo y el Barcelos dignifican el hockey sobre patines"
Los Querido muestran a los Copa el camino a seguir en la relación entre un padre y un hijo que a la vez son también entrenador y jugador. “Nosotros somos padres pero también somos entrenadores, mentores.... Varias funciones y tenemos que ver a nuestros hijos, a pesar de que sean nuestros hijos, como un jugador más del equipo”, comenta el padre de familia. “Es un tema duro”, admite el hijo. “Para nosotros nunca dejan de ser nuestros padres y nosotros para ellos nunca dejamos de ser sus hijos, por eso siempre hay una exigencia superior”. Es uno de los hándicaps, como también las suspicacias sobre si su puesto se lo ha ganado o se lo debe a su apellido. “Ellos han hecho sus propias carreras”, zanja el entrenador. “Sus padres hicimos las nuestras, como jugadores primero, después como entrenadores. Y ahora tanto Luis como Jacobo son niños muy bien formados. Tienen una educación y un perfil de deportista que son los mejores”, continúa.
“A mí me hizo bien ser entrenado por mi padre”, reflexiona el jugador, “pero no me gustaría volver a hacerlo porque durante el año deportivo no vives mucho lo que es la relación padre-hijo sino la de entrenador-jugador”. Por eso cree que no le gustaría ser el entrenador de su hijo Santiago, que con cuatro años ya viste la camiseta del Barcelos. “Mejor no, sé que sería muy exigente y eso no es bueno”, afirma. Se conforma con verle feliz y disfrutar de una pasión que ya va por la tercera generación. “Le encanta. Cuando terminan los partidos, se pone los patines y mientras yo me voy a la ducha, él se queda haciendo goles. Esperemos que sea delantero, no como el padre”, se ríe.
Él está orgulloso del Querido que viene como el Querido que fue lo está de él. “Luis ha crecido muchísimo. Es un ejemplo de jugador profesional, dedicado a su trabajo. Es un atleta que se cuida todos los días, que trabaja diariamente con todo el sacrificio y voluntad y sobre todo con gusto, porque disfruta mucho jugando”, valora. Y siendo de Barcelos, cumpliendo el sueño de todo niño al ser el capitán: “Los es con toda justicia y lo demuestra con sus actitudes en la pista, pero también fuera de ella. Yo como padre estoy muy orgulloso de la carrera que está teniendo”.
“Yo estoy muy orgulloso de mi trayectoria deportiva. Pude ganar en Portugal, pude ganar en Italia y ahora estoy en Barcelos en su mejor momento en veinte años”, dice, por su parte, Luis Querido. “Estoy disfrutando muchísimo y jugar con el brazalete de capitán es un orgullo porque siento el Barcelos como algo mío”. Y hoy querrá llevarlo a la final a cuatro de la Champions, por más que se tenga que llevar por el camino al Liceo. Tras el 4-6 de la ida, la ventaja es portuguesa.
El Liceo afronta uno de los partidos del año. Llevaba siete sin meterse entre los mejores de Europa y ahora quiere dar un paso más. Desde que en 2012 sumó su segunda Champions seguida, la sexta en su palmarés, no alcanza la ronda de semifinales. Tiene que remontar los dos goles en contra de la ida y además hacerlo sin Bruno Saavedra, uno de sus mejores jugadores del último mes, que todavía se resiente del latigazo cervical sufrido en la ida y que ya no le permitió jugar en Caldes el sábado pasado. Pablo Cancela y Tato Ferruccio entran en la convocatoria.
Hace 16 años que el Liceo no gana en Barcelos. Lo hizo por primera y última vez el 13 de diciembre de 2008, cuando se impuso por 2-5 en la fase de grupos de la Champions. Para repetir la hazaña, contará con una gran expedición de aficionados coruñeses que se desplazarán hasta Portugal con dos autocares llenos, además de todos los coches particulares que se desplazarán por su cuenta. Enfrente, un Barcelos que ya demostró sus peligros. La velocidad de Pol Manrubia y Danilo Rampulla. La contención de Luis Querido. El muro de Conti Acevedo. Y el gol de Miguel Rocha. 58 lleva en lo que va de temporada: 35 en la liga portuguesa, 16 en Europa, 6 en la Taça y uno en la SuperTaça.