Una épica remontada y una copa rota
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Una épica remontada y una copa rota

El Liceo ganó la final de la CERS de 1999 tras levantar al Barcelos el 7-4 de la ida con un 5-0 en Riazor
Una épica remontada y una copa rota
Fernando Galmán muestra el trofeo de la CERS roto | VISTEN DE VERDE Y BLANCO

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El Liceo necesita ganar mañana en Barcelos por tres goles de diferencia en la vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones para clasificarse para la final a cuatro tras el 4-6 de la ida de hace una semana en A Coruña. O solo de dos, lo que igualaría la eliminatoria y obligaría a un desenlace en los penaltis. Difícil, sí. Pero no imposible. Ya lo hizo en 1999, frente al mismo rival, cuando remontó un 7-4 con un 5-0 para levantar el título de la Copa CERS. La diferencia es que en esa ocasión el primer partido fue a domicilio y el segundo, en casa. Y que ahora tiene que hacerlo en territorio enemigo. Juan Copa ya avisó antes de que empezase la serie. Es un partido de por lo menos cien minutos, cuando no más. Y quedan, mínimo, otros cincuenta en los que hay que tener convicción de que todo puede pasar.


Al Barcelos le salió todo bien el jueves pasado en el Palacio de los Deportes de Riazor. Pero el Liceo tampoco le perdió nunca la cara al partido y el cuarto gol, anotado por Jacobo Copa, le permite llegar con vida a la bombonera lusa. Pasó algo parecido en 1999 en la final de la Copa CERS. En su feudo, con sus dos mil fieles seguidores convirtiendo el pabellón en una olla a presión, un Barcelos en el que se mezclaba lo mejor de Portugal, con Sergio Siva o Luís Viana, con los jugadores más top de Italia, como los hermanos Mirko y Alessandro Bertolucci y Roberto Crudeli, salió encendido y se marchó al descanso con un claro 4-0 a favor. Los por aquel entonces pupilos de Willy Duarte poco pudieron hacer ante el vendaval, pero reaccionaron en la segunda parte (como también los de Juan Copa la semana pasada). Recortaron Raúl Monserrat y Calero, aunque los locales volvieron a golpear, hasta tres veces, dejando la distancia en 7-2. Dos goles finales de Miguel Ángel Sánchez estrecharon el marcador. Y eso fue precisamente lo que posibilitó la gran remontada en el encuentro de vuelta.


“Lo recuerdo perfectamente”, confirma Facundo Salinas, que lideraba deportiva y moralmente a aquel Liceo, por algo portaba el brazalete. “Recuerdo que en el vestuario ya dije que gracias al gol de Sánchez, íbamos a remontar. Que como la distancia así era menor, que lo íbamos a sacar”, rememora. Y en su papel de capitán, así siguió todos los días que quedaban antes de la vuelta: “Les decía que tuviesen claro que lo íbamos a remontar y a medida que pasaron los días, se fue minimizando aquella ventaja y teníamos claro que íbamos a dar la vuelta al resultado”.


Y así fue. Y eso que para el partido de vuelta los verdiblancos contaron precisamente con la baja del bigoleador en la ida, el propio Sánchez, que fue expulsado y estaba sancionado para el duelo en A Coruña. Aunque eso posibilitó que dos canteranos viviesen en primera persona la remontada. Uno fue Josep Lamas. Y el otro, Juan Copa. “Yo solo me vestí”, se quita importancia el actual técnico del Liceo. “Ese año no estaba ni en la disciplina del primer equipo, estaba con el filial, pero creo que Willy me eligió a mí porque era veterano y se esperaba un partido bastante caliente”, recuerda.


Pero no hubo mucho espacio a la polémica porque siete días después (con un partido contra el Vilafranca de por medio, otra casualidad porque los verdiblancos también reciben a este equipo este domingo) el Liceo sacó el rodillo y con un 5-0, con tres goles de Raúl Monserrat y uno de Facundo Salinas y otro de Calero, le dio con claridad la vuelta a la eliminatoria para proclamarse campeón de la Copa CERS por segunda vez en su historia (y aún quedaría una tercera, una década después, en 2010). 


La celebración, no podía ser menos, fue a lo grande, con baño incluido juntos a las gaviotas metálicas de la fuente de la plaza de Portugal. Y accidentada. Con la euforia, el trofeo se cayó al suelo y se rompió en pedazos. “No voy a dar nombres”, se ríe Facundo Salinas. “Fue a causa de la emoción, de los festejos, accidentes que pasan”, continúa entre sonrisas, recordando aquel mágico momento. Esa fue de las pocas cosas que el histórico mecánico del Liceo, Fernando Galmán (que posa orgulloso en la foto con lo que queda del trofeo) no pudo arreglar. “No lo recuerdo si lo arregló o no... ¿Qué más da? El título quedó en casa”, sentencia el exjugador argentino.

 

Otras remontadas

Al año siguiente, el Barcelos se tomó la revancha en la primera ronda de la Copa de Europa. El Liceo se impuso en la ida en Riazor por 4-0 y viajó a Barcelos con todo a favor para pasar a la fase de grupos, pero el 6-1 de la vuelta, con un Alessandro Bertolucci, autor de cuatro de los goles de su equipo, en estado de gracia, apeó antes de tiempo a los coruñeses.


Pero en el más del medio siglo de la fructífera historia del Liceo hay más ejemplos de remontadas europeas. Aunque de nuevo, todas con el Palacio de los Deportes de Riazor como escenario de los sueños, y muchas que sirvieron además para aumentar las vitrinas verdiblancas. La primera fue en la temporada 1984-85, en los cuartos de final de la Recopa. Los verdiblancos cayeron en Italia por 3-2 frente al Monza, al que doblegaron en casa por 8-5 para pasar a semifinales, en las que sin embargo fueron eliminados por el Sporting de Portugal (8-5 en la ida, 4-3 en la vuelta, remontada inconclusa esta vez). 


Otras dos llegaron en el curso 1987-88. El conjunto coruñés cayó por 4-0 en la pista del Porto en la ida de cuartos de la entonces denominada Copa de Europa. En A Coruña se impuso por 7-2, con seis tantos de Daniel Martinazzo, para darle la vuelta a la eliminatoria, pasar a semifinales, donde se deshizo sin problemas del Thunerstern, y después ganó la final al Novara, al que también levantó el 2-1 de allí con un 4-1 en su feudo.


Al Lodi italiano le tocó sufrir otra de ellas en la final de la Recopa de la temporada 1995-96. El Liceo perdió a domicilio por 5-2 e igualó aquí con otro 5-2 en el mejor día del canterano Diego de Santiago, que anotó cuatro de los goles locales. El título se decidió en los penaltis, con la suerte de cara para los de casa (2-1), que se proclamaron campeones.


En la 2009-10, en el tercer título de la CERS, fue clave la remontada en cuartos de final frente al Oliveirense, contra el que los verdiblancos habían caído por 4-3 en la ida. En la vuelta fue otro cantar para ganar por 5-1 y pasar a una final a cuatro en la que se deshicieron de Igualada y Blanes para cantar el alirón.
Y lo mismo en la 2012-13, aunque con la Copa Continental como escenario. Había perdido el Liceo por 5-1 en Italia frente al Bassano y llegaba a A Coruña contra las cuerdas. El 6-2 con el que acabaron el partido y la prórroga mandó la decisión final a los penaltis, en los que de nuevo la suerte sonrió a los verdes para sumar un nuevo título a su historia.

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