“Mulleres liderando el cambio” se titulaba el ciclo de actividades organizado por el Ayuntamiento de A Coruña a través de su concellería de Benestar Social con la colaboración de la recién conformada Asociación Galega de Xornalistas do Deporte (AGAXORDE).
Cuatro de esas mujeres, de diferentes generaciones, se juntaron para charlar sobre su trabajo como periodistas deportivas, una profesión desde la que lideran y ayudan a mudar un entorno tan masculinizado. Mónica Marchante (Movistar +), Leticia Chas (COPE Coruña), Lis Franco (que pasó por El Ideal Gallego, Marca, Radio Voz o Telecoruña) y Lucía Dávila (El Ideal Gallego y dxt campeón) hablaron sobre trabajo, experiencias y futuro en una charla de las que ayudan a abrir caminos.
Lis Franco: Yo salí futbolera y futbolista. Empecé a estudiar Derecho, pero enseguida me di cuenta de que me gustaba escribir. A mi padre, exjugador del Dépor, le dieron la oportunidad de escribir una columna de opinión, pero él no sabía escribir muy bien, entonces él me decía cómo había sido el partido y yo se lo escribía. Luego empecé a trabajar en los años dulces del Dépor y antes había sido futbolista en los del Karbo.
Mónica Marchante: En mi caso tuve claro que quería ser periodista deportiva por algo muy casual. Nací en Roma porque mi padre trabajaba allí, pero de pequeña empezamos a vivir en la calle Concha Espina, junto al Santiago Bernabéu. Mi familia no era nada futbolera, mis amigas tampoco, pero llegó el Mundial 82, yo tenía trece años, y me dio por seguir el Mundial. España quedó eliminada entonces iba con Italia, que casualmente llegó a la final. Ese día algo me hizo querer bajar a los alrededores del estadio y me querían revender una entrada por 2.000 pesetas. Aún no sé que se me pasó por la cabeza, pero subí a casa a por el dinero, bajé a pagarla y convencí a una amiga para que acompañase. Así es cómo vi el primer partido de mi vida. Ya me había metido en el fútbol… y hasta ahora.
Leticia Chas: Soy indecisa por naturaleza, pero siempre tuve claro que quería dedicarme al periodismo. Lo deportivo vino después. Me gustaba el fútbol, pero fue casualidad. Me llamaron del paro para trabajar en el periódico oficial del Dépor, que estaba buscando gente. Ahora llevo nueve años en la Cope y estoy encantada de dedicarme al periodismo deportivo.
Lucía Dávila: Lo tuve siempre claro, desde la Eurocopa de 2008 siempre dije que quería ser periodista deportiva. Acabé la carrera en Madrid, y me ofrecieron un medio del Real Madrid que cubría los partidos. El primero fue desastroso, pero me sirvió para aprender. No recuerdo mi vida sin el Dépor. Así que empecé a darle vueltas. TikTok estaba en auge y el Dépor decidió hacer un partido horrible en Castellón y pensé que había que contar las historias del equipo en ese formato. Empecé a subir rápido de seguidores porque nadie lo hacía. Luego entré prácticas en dxt campeón.
L. F. : Cuando llegué a El Ideal Gallego, que fue el primer medio en el que trabajé, había solo una mujer más en la Redacción, que era Alís Gómez. Luego pasé al Marca y allí no había mujeres.
M. M. : Yo empecé a estudiar la carrera de periodismo con toda la familia en contra porque me decían que era un mundo hostil para mí, en el que no había mujeres. Empecé a hacer prácticas en una emisora muy pequeña de Madrid y luego estuve allí nueve años trabajando las horas que hicieran falta. No me pagaban desplazamientos y había días que cobrabas y otros que no. Sin contrato. Me tocó la época de Javier Clemente como entrenador del Atlético, entrenaban a más de treinta kilómetros de mi casa, yo no tenía coche ni dinero para comprarme uno. Me llevaba Antonio Lobato en un Fiat Panda, quedábamos en un punto de Madrid, me dejaba allí y luego me volvía de Las Rozas como podía. Aún me llevo muy bien con Clemente. En realidad me llevé siempre bien con todos los ogros: Clemente, Luis Aragonés, Luis Enrique… A Clemente le decían todos los compañeros, hombres, que estaban en el entrenamiento: “¿Javi nos das la lista de convocados?” y Clemente levantaba la vista y preguntaba: “¿Ha venido Mónica?”. Era la única mujer en los entrenamientos. Hablo de finales de los ochenta y principios de los noventa. Pero nunca he sentido que ni compañeros ni jugadores o entrenadores me mirasen diferente por ser mujer. Me he sentido mucho más despreciada con algunos de mis jefes que por la gente del deporte. Evidentemente he oído comentarios machistas de otros lados, pero en mi experiencia nunca he sentido eso. Y me hubiera desmoralizado bastante.
L. C. : En mi caso sí que he recibido algún tipo de comentario como “contigo una cena, y después la entrevista”. Han sido más ese tipo de comentarios. Vemos mejor a un hombre que tenga amistad o relación con futbolistas que a una mujer, que automáticamente ya hay sospechas.
M. M.: Eso lo bueno que tiene es que se cura con la edad, porque si piensan que yo voy a ligar con los de ahora, que tienen veinte años… (risas).
L. D. : Yo no he tenido ninguna situación desagradable trabajando. Pero en redes sociales sí porque recibo muchos comentarios del tipo de “vete a fregar”. Eso sigue pasando, y mucho. En mi día a día no lo noto tanto, pero en las redes sí. Y se ve peor cuando una mujer se lleva bien con un futbolista. Me han llegado cosas que dicen que he hecho sin haberlas hecho.
M. M. : Siempre he tenido la percepción de que al hombre, por ser hombre, se le suponen una conocimientos que nosotras tenemos que demostrar. Hasta hace poco a mi en los palcos me lo preguntaban. Pero lo preguntaban con curiosidad, no con mala fe: “¿Y a tí te gusta el fútbol?”. Me daban ganas de contestar: “No, estoy aquí un domingo a las nueve de la noche y he dejado a mis hijos en casa, estoy sufriendo muchísimo y no me gusta”. Seguro que eso a Pedrerol nunca le ha pasado. Es algo cultural, no es con mala intención.
L. F. : Una vez me hizo una entrevista un chico joven. Yo, para el programa de televisión que hacía, siempre empezaba con un pequeño editorial. Era mi opinión. El chico me preguntó si ese comentario lo escribía yo.
M. M. : Yo tenía cierta fama de ser agresiva en las preguntas. En una comida de Navidad, Florentino Pérez me dijo: “Si a tí las preguntas te las dice Carlos [Martínez] por el pinganillo...”. Él estaba convencido. Y eso que era imposible porque yo repregunto y no daría tiempo a que me dijesen nada. No sé si él pensaba que yo por ser mujer no tenía la capacidad de hacer esas entrevistas o que realmente le parecía que esa era la manera de actuar.
L. C. : A veces incluso hay temas de vocabulario, como cuando te llaman “la niña”.
M. M. : Pasas de “niña” a “vieja”. Después ya empiezan con lo de “jubílate”. Pues oye, soy la primera que tengo ganas de jubilarme cuando llegue el momento. Pero a mis compañeros, con la misma edad que yo, el llevar tantos años es sinónimo de veteranía, experiencia… Es algo muy machista, pero cultural. También es verdad que últimamente el modo queja me parece un poco cansino. Parece que siempre estamos dando el rollo con lo mismo. Simplemente exponemos nuestras experiencias. Así que ahora me gusta centrarme en lo que hemos conseguido. Y antes era impensable que una mujer presentase un programa sobre la Champions ella sola. No podíamos ni opinar mucho. Ahora se les da la condición de presentadoras y no hace falta que tengan un hombre al lado. Debemos celebrar, aunque parezca increíble, que se ha mejorado.
L. F. : Es que en el fútbol estamos dando en la diana. Es algo de hombres, para hombres y hecho por hombres. Yo empecé a jugar al fútbol porque me gustaba, no por otra cosa, nadie pretendía hacer una lucha. Y sin embargo me da la sensación de que llevo luchando toda la vida. Coño, ya está bien.
M. M.: Los caballos de batalla van cambiando, pero ha habido uno que era “¿cuándo va a narrar una mujer un partido de fútbol?” Porque hasta que no narres… A mi me importa un pepino narrar, yo soy buena entrevistando. ¿Qué pasa? ¿Que porque yo no narre no valgo? Creo que hay que poner a los mejores, sean hombres o mujeres. A mi la frase de Tebas de “hay que poner a una mujer a narrar” me sacó de quicio. Porque es muy machista. No quiero que me pongan en ningún sitio por ser mujer.
L. F. : Lo que pretendemos es la equidad. Desde la igualdad perdemos.
L. C.: Hace poco en los premios del deporte de la Diputación, recibió un premio Dolores Rojas, que es árbitra de marcha de atletismo. Contaba que en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, discutió para no tener que ponerse falda para estar como árbitra porque le era incómoda. Y no pudo ser. En 2004.
M. M. : Cuando empecé a hacer entrevistas en los palcos, que fue en 2004, en el palco del Sevilla me contaron que hasta hacía unos cinco años antes no entraban mujeres. O sea, que a mediados de los noventa no podían entrar mujeres en el palco del Sánchez Pizjuán. Es de locos. Y más detalles: me siguen llamando compañeros de vez en cuando para decirme que están preparando una tertulia de mujeres periodistas. Es mi tema estrella. Me saca de quicio. Me pasó hace unos años con un conocido periodista que en su canal de YouTube organizó una tertulia. Yo le dije que me gustaba participar en tertulias de periodistas deportivos sin género. Se ofendió muchísimo. Esto, por edad, pensé “bueno, es un tema cultural”. Pero hace poco tiempo me llamó uno de treinta años con lo mismo. Le dije que no participaba en este tipo de cosas y me pidió que no me lo tomase a mal. Si analizas las decisiones sobre ese tipo de tertulias lo que concluyes es que nos consideran de Segunda, nos encasillan en un entorno en función de nuestro género, no de nuestro trabajo. Respeto a las compañeras que acuden, pero son cosas muy básicas en las que debemos pensar cuando nos lo ofrecen.
L. C. : A veces me pasa que cuando veo alguna tertulia en la que hay tres hombres y una mujer pienso que lo han hecho por una cuota femenina.
L. F. : Yo no sé cómo es en el resto de España ni en el resto del mundo entero, pero en A Coruña el respeto de los periodistas hacia la mujer está garantizado. En el 98% de los casos lo que me he encontrado han sido compañeros que me han apoyado y respetado. Siempre. Cuando jugaba al fútbol y después como periodista.
L. C.: A veces hay que tener la conciencia de no participar en esas cosas. A mi me cuesta negarme a acudir a ellas.
M. M. : Siempre hemos tenido muy claro que necesitamos visibilidad, pero a veces se avanza más diciendo que no.
L. D.: La gente creo que no lo hace por mal. Pero ahora que te escucho tienes razón, y nunca me había parado a pensar ese tipo de cosas.
L. F. : Eso es como todo: hay otra manera de verlo. Es como si te dan la opción de jugar en Primera durante diez minutos. Yo quizás valoraría que me den espacio en esa tertulia como una oportunidad para demostrar lo que sé.
M. M.: Es que es tener que demostrar todo el rato... Es agotador. El otro día me tocó asumir un trabajo que no suelo hacer, que es inalámbrico a pie de campo. Fue en un partido entre la Roma y el Athletic. No sigo a la Roma y tampoco mucho al Athletic porque ahora no hago la Liga. Me supuso tal estrés… lo disfruté. Creo. No estoy segura. Volví a Madrid como si me hubieran dado una paliza y fue porque para mi seguía teniendo ese examen permanente, que si meto la pata... A Mónica Marchante, que lleva 30 años en la profesión, si dice que Angeliño es lateral derecho en vez de lateral izquierdo, la van a matar. Eso es injusto y también es culpa mía por tener esa exigencia permanente. Creo que es algo muy femenino. A veces no es bueno ser tan perfeccionista. No sé si un compañero mío hombre, en mi misma circunstancia, se hubiese preparado el partido tanto como lo hice yo.
L. C. : También va mucho en la forma de ser. Recuerdo cuando empezaba a hacer fútbol en el Dépor Sport haber firmado una noticia en la que puse que un central era zaragozano y resulta que era salmantino. Y al día siguiente estuve todo el tiempo pensando en eso.
M. M. : El otro día hicimos la Real Sociedad contra el Real Madrid. Me traían para entrevistar a una persona que fue uno de mis ídolos absolutos, que era Luis Arconada. Era una entrevista de dos minutos. Pues empecé a preparar las preguntas con un montón de datos. Aunque no los vaya a utilizar, en mi cabeza necesito tener la seguridad de que me sé todos esos datos. Necesito esa seguridad y eso es muy nuestro.
L. F.: ¿También es muy nuestro lo de no narrar? Creo que hay pocas mujeres a las que les guste narrar.
L. C.: Yo he tenido que narrar partidos del Dépor y, claro, me comparo con compañeros y veo que yo de pequeña no practicaba la narración y sí que tengo compañeros que de niños estaban con el videojuego practicándola. En mi caso eso suponía una preparación extra. Llevaba una hoja para cuando no se me ocurría un sinónimo poder echarle un ojo.
L. D. : Si un hombre se equivoca muchas veces no se cuestiona su conocimiento, simplemente se ha equivocado. Y si se equivoca una mujer, ya se asocia a que no tiene ni idea.
L. F. : Y de paso te mandan a fregar.
L. D. : Yo soy consciente de que la exigencia es mía. Además de que me cuestionen, me cuestiono yo misma. A veces estoy viendo un partido con mis amigos, quiero decir algo, me da miedo y entonces no lo digo. Y es algo que me da mucha rabia porque luego a lo mejor lo dice otro. Me castigo mucho con eso.
L. F. : Tenemos mucho pudor y miedo a meter la pata, más que los chicos. En ese sentido ellos son más echados para delante.
M. M. : He de decir que también siento el respaldo de mis compañeros. Cuando volví del partido de Roma me escribió un mensaje súper bonito Maldini, diciéndome que lo había hecho genial. Pensaba que nadie se podía imaginar que, con 56 años, pudiese estar acojonada por hacer un pie de campo. Yo siempre he notado el respeto, el apoyo e incluso la admiración de muchos de mis compañeros. Lo he tenido más con jefes que igual no eran ni periodistas y que han tomado decisiones sobre mí porque soy mujer. Ahí lo he notado, y lo sigo notando, el machismo. Antes había sitios a los que no podías llegar. Ahora, se busca un perfil de mujer joven, de unas determinadas características físicas y eso es lo que importa. ¿Que además sabe y lo hace bien? Ah, pues mira qué suerte. Tengo compañeras que no dan una cierta talla física o no cumplen las características que les piden en televisión y me parece injusto y vergonzoso porque son buenísimas y lo han demostrado. Y sé que se quedan fuera por no ajustarse al canon que los directivos de la tele estiman que hay que tener. Pienso que la gente que ve el fútbol lo que quiere es una persona que sepa, que le cuente y le transmita cosas, que tenga credibilidad, no que tenga la talla 36, los pómulos de una manera y los labios de otro.
L. D. : Pasa también que si eres más guapa o menos guapa te cuestionan tu conocimiento.
M. M. : El caso es cuestionarnos... Se sigue considerando el fútbol una cosa de hombres. Pero hay que denunciarlo. Yo al menos con los años me he ido quitando ese… No sé como denominarlo porque miedo nunca he tenido. Quizás antes no tenía tanta conciencia. Ahora detecto esos comportamientos y no me callo. Tampoco quiero dar la sensación contínua de queja, porque es muy cansado. Pero si no has cobrado lo mismo que tu compañero que es hombre pues lo expongo. Antes igual pensaba que es lo que hay... pero según pasan años acumulo cabreo.
L. F : Opino igual. No me he callado prácticamente nunca y creo que hacia lo que hemos ido es que la gente lo deja más claro.
L. C. : Ha habido momentos en los que siendo más joven vi situaciones ante las que con los ojos de hoy habría actuado de otra manera. Creo que hay cosas que con los años vamos razonando de forma distinta.
L. D. : En mi caso no he tenido muchas experiencias más allá de las redes. La más grave fue cuando los incidentes de los ultras del Málaga en A Coruña, que lo comenté y tuve como 300 comentarios súper machistas. Mi pensamiento fue: “¿Hago un video denunciando que esto sigue pasando o lo dejo correr?”. Y muchos de los consejos que me dieron fueron del tipo “no lo hagas para no darles atención”. Pero llegó un momento en el que me dio igual: quería enseñar lo que pasaba. Y fue lo que hice.
M. M. : Sin duda. Dejé de leer redes durante los partidos en los que trabajo porque me condicionaban. Las leo si acaso después. Está pasando algo muy grave en redes: la utilización que se hace de ellas para hostigarte, amenazarte… En Madrid ocurre a unos niveles que no os podéis hacer una idea. Campañas de “vamos a matarte”, “sabemos donde estudian tus hijos”... A mi me ha pasado. He opinado sobre Vinícius y, si no opinabas lo que había que opinar, llegaban un montón de comentarios de gente que ni siquiera nos escuchaba. Esto yo lo estoy viviendo a nivel de los grandes equipos, pero hay otras instituciones que también lo usan. Mientras nadie ponga coto a esto valoro cerrarme las redes sociales en las que recibo, acoso e insultos… que además todos son a la vez, y patrocinados por alguien muy poderoso que está detrás.
L. C. : Es cierto que en las redes, aparte de lo más grave que es esto que cuentas, también te encuentras desinformación. A mi no me gusta entrar a conversar.
M. M. : Yo siempre dije que no me gusta el periodismo de bufanda. Entiendo el periodismo sin ser de ningún equipo. Con la selección sí que siento esa pasión… El caso es que he seguido como periodista al Atlético durante ocho años o así. Y antes se hacía la típica cena de Navidad en la que te dan un obsequio. Un año, en la temporada 95-96, nos dieron una bufanda. Hicieron la típica foto con los periodistas en una escalera y nos dijeron: “¡Venga, poneos la bufanda!” y nos la pusimos todos para la foto. Hace poco alguien con mala intención me ha recortado a mí de esa foto para decir en redes que soy del Atlético. Es grotesco. Una de las campañas de odio que tengo es esa, la de “esta que dice que no es de ningún equipo” y suben esa foto que se ve que es un zoom tremendo porque no estoy sola yo en la foto. ¡Qué lamentable tiene que ser dedicarte a acosar a una periodista, buscando y manipulado así una imagen del año 95!
L. C. : A nosotros nos pasa que en Cope Coruña hemos ido al Celta, y cuando pones la foto en redes siempre hay quien dice “¿no hay periodistas en Vigo que tienen que venir los de A Coruña?”. No sabía que me tenían que pedir el carnet de celtista o de deportivista para trabajar siguiendo la información de un club de fútbol.
M. M. : El periodismo de bufanda hace mucho daño. Ha dado trabajo a muchos, pero hay medios que no deben promoverlo. En Movistar Plus, el abonado de A Coruña paga lo mismo que el de Bilbao o el de otros sitios. Yo no debo ser de ningún equipo. Es que ni me lo planteo.
L. C. : A veces hasta son los propios clubes los que esperan ese trato. Esa idea está ahí. Se pide ese periodismo afín.
M. M. : Yo lo he resuelto dejándome el sueldo en personas que me ayudaran y se quedasen con mis hijos, así de claro lo digo. Tengo un niño y una niña, son mellizos. Bueno, ya no son niños, que tienen 21 años. Pero el mensaje que les he tratado de inculcar es el de que su madre no he dejado de hacer nada profesionalmente. He cubierto el Mundial de 2010, dos Eurocopas… y no he querido transmitirles que mamá deja de hacer esto o aquello, que es la ilusión de su vida, por quedarme a cuidaros. Porque tenían un papá que se podía quedar con ellos. Cuando tenían dos años me fui un mes y pico fuera a trabajar. El mensaje era que este es el trabajo de mamá, fijaros que suerte tengo que voy a cubrir esto. Eso es positivo. Encima al tener niño y niña aún más. Me parece mejor eso que el hecho de que se diese por normal que yo tenía que renunciar a unas coberturas como esas, que son un privilegio de esta profesión. Me parece la mejor reivindicación posible si quieres buscar una igualdad profesional.