Tato Ferruccio contra Conti Acevedo. Cervera, Carballeira, Copa y Torres (con polémica porque el portero se adelantó y no mandaron repetir) habían fallado antes sus penaltis, que los portugueses decidieron que se tiraran en la portería que tenía al Kaos metiendo presión detrás. Solo había marcado Rocha por el Barcelos. Después de 110 minutos de intensa eliminatoria de cuartos de final, si entraba el lanzamiento del Liceo, le quedaría una última vida. Si no, diría adiós a la final a cuatro con el honor de un campeón. Había hecho lo que pocos confiaban. Ganar por dos goles resistiendo las embestidas de los locales y las puñaladas de los árbitros. Y jugárselo en las penas máximas, donde murió su épica. Porque el delantero argentino, por fin en modo decisivo, por fin en el papel para el que se le fichó, se estrelló contra sus compatriota, que empezó el partido con el homenaje por sus dos partidos y lo terminó como el héroe local.
Para empezar el Liceo ya aguantó más que en el Palacio de los Deportes de Riazor, donde encajó dos golpes nada más arrancar el partido, lo que le obligó a reponerse del shock. Aprendida la lección, era fundamental entrar bien, sin cometer errores, sin volverse locos intentando buscar los tres goles que necesitaba a la desesperada porque los cincuenta minutos iban a ser largos y recibir, antes que marcar, sí que podría echar por tierra sus posibilidades.
Y desde este planteamiento, sobre todo taponando la sangría que había sido ese pase al segundo palo letal de los barcelenses, empezó a lanzar avisos. Los dos equipos se medían en la distancia, como buenos cazadores, esperando el momento de atacar. Y ese llegó cuando una bola quedó muerta en el centro de la pista. Dava Torres fue más rápido que las balas locales, como si llevara toda la vida patinando sobre el parqué azul del Municipal de Barcelos. Llegó antes y en el mano a mano, batió a Acevedo. Inicio soñado.
Le pilló incluso en frío a la afición lusa, que a partir de ese momento empezó a apretar. Un espectáculo por por ambas partes en ese sentido. Pol Manrubia, con algo de suerte, porque su disparo se envenenó y despistó a Serra, truncó esa salida verdiblanca con el empate. Un espejismo, porque replicó acto seguido César Carballeira, de nuevo a la contra y definiendo en el uno contra uno. Tato Ferruccio completó el trabajo con un fuerte disparo, un golazo en plena reivindicación. De hecho, estuvo a punto de hacer el cuarto con un robo, pero falló ante Acevedo.
La que parecía difícil, casi imposible, se había conseguido en apenas diez minutos. La eliminatoria ya estaba igualada. Juan Copa pedía calma y cabeza a los suyos y el partido entró en una fase de guerra fría. Los verdiblancos dejaron que el Barcelos tomara las riendas, pero sin asumir riesgos. Y no creaba excesivo peligro el conjunto luso, mucho menos cómodo que en Riazor. Todo iba sobre la marcha y se encaminaba al descanso sin sobresaltos. Pero un pase de César Carballeira en el centro de la pista fue interceptado por Poka, que le leyó las intenciones al coruñés a la perfección para irse solo a la contra y hacer el 2-3 frente a Serra. Otra vez hacían falta dos goles, uno para la prórroga.
El paso por vestuarios trajo una pequeña modificación en el quinteto de salida, con Ferruccio, luchador e implicado en defensa como no se le había visto hasta el momento, en lugar de Xaus. Y llegó el gol de Cervera que volvía a condenar a la prórroga con veinte minutos por jugar. Pasase lo que pasase no se le podía reprochar nada al Liceo, resistiendo contra toda lógica, contra todo y contra todos. Como con el penalti de Carballeira a Rocha que el mismo pichichi local mandó fuera. Como la clara azul que los árbitros se negaron a pitar cuando Querido enganchó por detrás el patín de Carballeira. Como con otro penalti, cuando ya solo quedaban cuatro minutos y 52 segundos. Querido lo tiró a la cruceta y con nueve faltas, una nueva amenaza, a aguantar como fuera, con la prórroga como el mal menor.
Los dos entraron con nueve en el tiempo extra, donde de nuevo los árbitros se asignaron el protagonismo con una azul a Ferruccio por simulación. La directa de Rampulla fue al palo (seis en total del Barcelos). Primer peligro fuera. Lo mismo que los dos minutos en inferioridad en lo que quedaba de primera parte (en el descanso salió Pablo Cancela a hablar a los árbitros italianos, a ver si en su idioma, que el coruñés dmina a la perfección, entraban en razón). En la segunda, que el Liceo comenzó en inferioridad, lo más destacado fue otro tiro al palo del Barcelos que abocó a unos penaltis en los que cinco fallos fueron insuficientes para rubricar el pase a los cuatro mejores equipos de Europa.
El Barcelos será el que ocupe ese puesto en las semifinales de la Final a Cuatro que se disputará el 10 y 11 de mayo en Matoshinhos. Le acompañarán otros dos equipos portugueses, el Benfica que eliminó al Reus y el Porto que pudo con el Oliveirense. El único representante español será el Noia, que con un empate a cuatro goles contra el Trissino hizo buena su ventaja de un gol de la ida. Los de Sant Sadurní no alcanzaban esta fase en la Liga de Campeones desde 2006. Jordi Bargalló se despedirá entre los grandes. Con todo merecimiento.