Respeto y justicia
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Respeto y justicia

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Los futbolistas se quejan por jugar cada 72 horas. Los ciclistas paran carreras porque llueve o hace viento. Los árbitros piden respeto a su trabajo porque se sienten señalados. Menos mal que ni a los unos, ni a los otros, ni a los de más allá les tocó vivir el deporte (y la vida) de hace treinta o cuarenta años. De cuantos más avances disfruta el ser humano, más se empeña en quejarse.

 

Desde luego que no voy a justificar la pancarta mostrada en el RCDE Stadium contra Del Cerro Grande. Más bien todo lo contrario. Resulta inadmisible que un club no controle lo controlable. Nadie puede colocar 40.000 bozales, pero sí retirar un trozo de tela que incita a la violencia extrema. Lo correcto sería un comunicado oficial, como han hecho otros clubes. O una comunicación directa al CTA.

 

Si alguien cree que una portada haciendo un juego de palabras con una cuyo significado según la RAE es “delito consistente en que una autoridad, un juez o un funcionario dicte a sabiendas una resolución injusta” le falta a la realidad o anima a las masas a atacar, insultar y perseguir a los árbitros, está en su derecho de pensarlo aunque se equivoca. Que al Deportivo solo le hayan pitado dos penaltis a favor en 33 jornadas puede ser casualidad. Que no haya jugado un solo minuto de los casi 3.000 que ha jugado en esta Liga en superioridad numérica cuando es uno de los equipos que más faltas recibe, ya hace dudar. La sucesión de decisiones cuestionables, sobre todo de inacción y acción del VAR siempre contraria al Deportivo, sumada a todo lo demás, transmite todos los indicios del significado de la palabra de esa portada.

 

Quizá estas pruebas sean insuficientes ante un tribunal. Lo que está sobradamente probado es que en el mundo del arbitraje futbolero ha habido escándalos de compras y ventas de partidos, campeonatos y ascensos, y mangoneos varios —sobre todo para forrarse a través de las apuestas— en todos los rincones del planeta: Hoyzer en Alemania, Silbato Dorado en Portugal, Calciopoli en Italia... En España hubo algunas sanciones de por vida, en los años 70, pero apenas se les dio publicidad, claro, porque era ‘lo normal’. Lo último es el ‘Caso Negreira’, que a buen seguro acabará en papel mojado por los peces gordos y el (más que un) club implicado en el escándalo.

 

Está muy bien exigir respeto y debe haberlo. Como también es deber del mundo del fútbol exigir a sus jueces que, con todas las herramientas de las que disponen hoy en día, impartan justicia.

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