Parece apropiado que una competición bautizada como Hypermotion, que se pretende tan moderna, se arrogue la responsabilidad de introducir a sus consumidores en ideas de la contemporaneidad más rabiosa como el ayuno intermitente. Del hambre como castigo autoimpuesto comenzamos a saber hacer un tiempo gracias a auténticos obsesos del bienestar físico como Cristiano Ronaldo. Los que pasamos más horas tirados en el sofá sesteando delante de un Burgos-Oviedo que en una cámara hiperbárica, no tenemos interés en perseguir los beneficios del six pack, pero quizás se haya empeñado ahora Tebas en que la próxima campaña de LaLiga, erradicados ya el racismo y la violencia de sus gradas, sea LaLiga VS TuVisitaAlEndocrino.
No es sencillo conjugar el prime time de los posibles espectadores de un Dépor-Huesca en Kuala Lumpur con una apuesta decidida por reducir el índice de materia grasa de 20.000 asistentes a Riazor, así que solo queda aplaudir al autor de semejante carambola que, poniendo el fútbol a las dos de la tarde en un país de la Europa occidental, se asegura un rugir de tripas en el estadio capaz de ensordecer las vuvuzelas de Sudáfrica 2010.
“Podrías haber comido antes”, me dicen. Disculpen, pero vivimos en una sociedad civilizada. Si hemos de comer entre las doce y la una, habremos imitado costumbres de los ingleses y, en cuestiones gastronómicas, nada hay que copiarles. “Haberte llevado un bocadillo”, insisten. Y yo que sé si un lomo completo en una chapata puede ser considerado por un vigilante de los tornos como un proyectil arrojadizo contra las gambetas de Gerard Valentín.
Contaba yo, la verdad, con tener sustento suficiente con una victoria del Deportivo. Pero también se ha abonado este equipo al ayuno intermitente en Riazor: el estómago cerrado ante el Levante, un festín pantagruélico contra el Almería, un hambre no saciada frente al Huesca. Si en la moderación está la virtud, es esta una campaña virtuosística del equipo blanquiazul, empeñado en moderar las expectativas de los más entusiastas que, en cuanto ven el descenso a más de dos partidos de distancia, se imaginan en una bacanal de triunfos que nos propulse hasta el festín del playoff de ascenso.
Otros, en cambio, comenzamos a pasar por el aro de la dieta y ya vemos bien conformarnos con una comida ligera. A eso quiso contribuir el Huesca. Se trata de un equipo tan apetitoso como un tazón de gachas de salvado. Informe, sin color, pero que contiene todos los nutrientes necesarios para sobrevivir en la Segunda: fibra, carbohidrato, minimizar errores, golpear cuando la ocasión lo permite. Estaban Yeremay y Eddahchouri empeñados en echar una cucharada de azúcar, pero ya se encargaron el poste y el infortunio de no estropear la jornada ascética.
Salimos de Riazor con un hambre no colmada e, incluso con el estómago vacío, con un cierto ardor provocado por los misterios del videoarbitraje, otra modernidad que, como dicen los defensores del ayuno intermitente, atrae numerosos beneficios por más que con frecuencia no sepamos identificar con certeza a qué se refieren exactamente. Pero replicando el dicho popular, a mí “dame pan (y un gol) y llámame tonto”.
Manuel Álvarez
Podcast ‘¡Cuánto sufrimos, Martín!’