A menos de dos meses de cumplir los 40 años, Rubén Rivera (A Coruña, 1985) encara la recta de final de su carrera en el fútbol. Se resiste a confirmarlo —”en principio tengo pensado dejarlo este año”—, pero todo hace indicar que no habrá otro equipo tras el Paiosaco. Por ello, quiere disfrutar de lo que queda, empezando por este domingo, día en el que se medirá al Montañeros, su club más especial.
“Sé que queda poco y estoy tratando de disfrutar de algo que ha sido mi día a día toda la vida. Esos entrenamientos durante la semana y los nervios del partido...”, reflexiona.
Situados en duodécima posición, la temporada hasta ahora es algo decepcionante para lo que se esperaba de un equipo que acaba de bajar de Tercera Federación. “Ha sido difícil, porque esperábamos estar más arriba y pelear por el ascenso. Era la ilusión del equipo y mía para tener un buen final de carrera”.
Los playoffs están a nueve puntos de distancias —quedan once jornadas— y las tres victorias en los últimos cuatro partidos les han abierto un pequeño hilo de esperanza. “No está fácil, pero mientras tengamos opciones, lo vamos a pelear. Trataremos de llegar a las últimas jornadas con vida. Sabemos que tenemos que hacer un final de Liga casi perfecto, pero tenemos equipo y experiencia para intentarlo”, apunta el delantero.
“No estamos haciendo nada diferente al principio, pero el fútbol es caprichoso y si la pelota no quiere entrar es complicado, porque el gol es lo que manda. Creo que deberíamos llevar muchos más puntos de los que tenemos, pero por una cosa u otra, no es así”, añade.
En lo personal, reconoce que le gustaría jugar más. “Es difícil responder a los minutos que un jugador tiene. Influyen muchos factores y yo trato de llevarlo de la mejor manera que puedo, sabiendo que lo quiero jugar todo, sobre todo porque serán los últimos. Entiendo que la participación depende de lo que demandan los partidos y los entrenadores y de las prestaciones que uno pueda darle al equipo, que a mi forma de entender el fútbol aún es bastante en mi caso, pero yo no decido”.
Jugador del Montañeros que llegó a Segunda B entre 2008 y 2012, así como del Atlético Coruña entre 2021 y 2023, ahora tiene un nexo de unión más con el club. “Es especial porque es el equipo al que siempre he estado vinculado. Ahora juega mi hijo ahí, y de alguna u otra manera siempre lo estaré”, explica.
Por último, reconoce que el de este domingo será un partido emocionante, pero no pierde su esencia competitiva. “Para mí es el partido especial de la temporada por la relación que tengo con algunos amigos. Me alegro de lo que están haciendo, a un paso de conseguir el ascenso directo, pero aquí hay que hacer algo más que jugar bien al fútbol para ganarnos”, finaliza.