Una simple titularidad puede significar mucho en el fútbol. Normalmente es un momento especial para ese juvenil en el que confían por primera vez, pero dos veteranos pueden sentir esa o más ilusión. Es el caso de Miguel Fiuza (Cee, 1987) y João Paulo García (São Paulo, 1985). “Antes de salir, nos dimos un abrazo muy sincero, felicitando al otro, porque sabemos lo que hemos pasado”, explica el jugador brasileño tras un Silva-Sarriana que marca un punto de inflexión. Partieron de inicio tras un largo periodo en el que las lesiones aparecían como freno a la continuidad y ahora miran al futuro con optimismo. Una visión que ni mucho menos es a corto plazo, ya que ambos van a tratar de estirar su pasión en la medida de lo posible.
Fiuza, que disputó 63 minutos el pasado sábado y contribuyó con su gol a sumar un punto (1-1) ante un candidato al ascenso a Segunda RFEF, es un clásico del fútbol gallego —logró, incluso, un ascenso a Segunda B con el Somozas— que llegó al Silva en enero de 2019. Actúa normalmente como defensa central, pero en ocasiones fue utilizado como mediocentro o delantero. “En función del tipo de partido y de cómo se desarrolle, puedo ayudar más al equipo en una posición o en otra”, explica.
Por su parte, João Paulo está ante su segunda etapa. Tras jugar en muchos equipos de su país —destaca el XV de Piracicaba, con el que se proclamó campeón del Campeonato Paulista Serie A2 en 2011— iba a encontrar su sitio en el Silva, donde permaneció hasta mayo de 2023. Ahí decidió retirarse, pero este curso optó por volver. “Soy un delantero de referencia, que juega por el centro e intenta pelear el balón. Estoy contando los minutos para marcar un gol y dedicárselo a mi hijo y a toda la gente que confía en mí”, reconoce, fiel a su esencia, días después de jugar la primera mitad ante la Sarriana.
Su relación es muy cercana y ambos se deshacen en elogios al ser preguntados por el otro. “Es un hermano que me regaló el fútbol. Cuando empezó a entrenar, ya le cogí un cariño muy grande. Hablamos de fútbol, pero también de cosas personales. Antes de este último partido nos dimos un abrazo muy sincero, felicitando al otro por estar como titulares. Sabemos todo lo que pasamos”, apunta João Paulo.
Por su parte, Fiuza resalta su nivel futbolístico y humano. “Como compañero es el mejor. Nunca se queja, siempre aporta al equipo, no da una mala contestación y parece que siempre está de buen humor. Le puedes mandar una sandía a la altura de la cabeza que es capaz de bajarla y jugarla de cara, aunque tenga tres contrarios colgados de él; y de cara a gol tanto puede definir de cabeza como con el pie, nunca se pone nervioso y casi siempre toma la decisión correcta. No tira a puerta, da pases a la red. Hace unos años, cuando estaba al 100%, no dejaba de preguntarme por qué continuaba en Tercera, aunque me alegrase de poder compartir equipo con él. Y solo hace falta estar cinco minutos hablando con él para darte cuenta de la clase de persona que es”.
Para el delantero brasileño, la titularidad que les brindó el técnico Iván Sánchez fue “un premio” al trabajo que hicieron últimamente para dejar atrás los problemas físicos.
“Me retiré del fútbol por las lesiones. Las dos últimas temporadas con Javi Bardanca tuve muchas lesiones y me operé de dos hernias inguinales. Súmale que me dolía mucho el tendón de Aquiles y que acababa de nacer mi hijo...”, explica João sobre su adiós, que no sería definitivo.
“Pasado año y medio, ya sin molestias, Chechu (director deportivo) e Iván hablaron conmigo para que lo intentara. Yo tenía dudas y miedo de volver a lesionarme, pero me dieron facilidades y confianza y decidí intentarlo. Hice una pretemporada aparte con el objetivo de perder 12 kilos, algo que me mantuvo muy focalizado y, pese a que cuando tuve mis primeros minutos hubo alguna lesión que me puso un poco triste, entendí que era normal por la inactividad. El otro día físicamente me costó por la falta de ritmo como titular, pero no me dolió nada y estoy muy contento”, añade.
Una historia que tiene sus paralelismos con la de Fiuza. “Llevo más de año y medio peleando con una lesión en el tendón de Aquiles. En cuanto me remitía el dolor, hasta el punto de permitirme entrenar con el grupo, volvía a recaer y las malas sensaciones regresaban. Han sido muchas semanas yendo a entrenar y haciendo trabajo por mi cuenta desde la banda, la mayor parte sin avances significativos e incluso con algún retroceso”, narra el zaguero.
“El gol y el trabajo realizado en el campo es la mejor forma de agradecer al staff y a mis compañeros todo el apoyo recibido a lo largo de este tiempo. Fue duro para mí, pero mucho más llevadero gracias a ellos. El hecho de que, al saber el once, vinieran a darme un abrazo y a decirme lo mucho que se alegraban, es claro indicativo de la clase de jugadores y personas que hay en este equipo”, valora.
Quizá por ese gran ambiente que siempre destacan, tienen ganas de jugar al menos algún año más. “No me planteo una edad en concreto para dejarlo. Depende de varios factores, tanto a nivel futbolístico como personal. Considero que puedo igualar el rendimiento y nivel de cualquier compañero. El día que eso cambie, seré el primero en hacerme a un lado. Sí me gustaría llegado el momento, dejarlo en el verde y no en la grada por lesión. Quisiera seguir en el Silva, al menos otro año más, pudiendo empezar la temporada al 100%, pero no depende solo de mí”, reflexiona Fiuza.
“Por mí, jugaría toda la vida. Muchas veces mi cuerpo no me deja. Si me deja, sigo como algún compañero, como mi admirado Antonio, hasta los 41 o 42 años”, indica João.
Les quedan diez finales por delante —la primera, este domingo a las 12.00 horas en Viveiro— para asegurar una nueva salvación, que sería la duodécima consecutiva, y están listos para el reto. El motivo es claro, siempre compiten. “He estado en clubes en los que teníamos un equipazo, pero no ganábamos. Nosotros somos un martillo que busca puntos siempre, da igual quien sea el rival”. Palabra de João.