Pablo Torres (A Coruña, 2000) decidió el pasado verano embarcarse en una nueva aventura deportiva y personal al aceptar la oferta del Montebello y marcharse a Italia, donde se ha encontrado una liga en la que manda con mano de hierro un Trissino al que el Liceo se enfrenta mañana en la última jornada de la Liga de Campeones (Palacio de los Deportes de Riazor, 20.30 horas). El jugador coruñés, que pasó por las categorías inferiores de Santa María del Mar, Dominicos y Barça y después por Vilafranca, Mataró y Tordera, analiza las diferencias entre competiciones y el potencial del rival de un equipo liceísta que capitanea su primo Dava y cuya ventaja cree que está en el banquillo, con un Juan Copa que “es el mejor entrenador del mundo con diferencia”, por lo que “sería una pasada” volver a casa vestido de verdiblanco.
“Yo estaba muy bien Tordera”, cuenta Torres sobre su fichaje por el Montebello, “pero a mediados de verano me llego la oportunidad y en el club me dijeron que son trenes que pasan una vez en la vida y que no hay que dejar pasar”. Además se iba a un sitio en el que ya habían jugado antes otros coruñeses como Chino Miguélez y Juan Fariza. “Fari era el director deportivo hasta hace poco y creo que hizo de puente porque sabe que en Coruña hay muy bueno jugadores y que tenemos una buena cantera”, reflexiona sobre esta particular relación. “A mí me llamó la atención el proyecto deportivo, pero también como experiencia de vida”, cuenta. Lo que se dice, salir de la zona de confort: “Ya había salido un poco cuando me mudé a Barcelona, pero siempre había estado con mis padres. Al final venir solo a un país nuevo y tener que buscarte un poco la vida, era algo por lo que quería pasar”.
También se está encontrando con un hockey nuevo. “Es una liga muy diferente a la española y un hockey muy diferente. Es mucho más rápido, destaca más el talento individual, no tanto la táctica. Es una liga súper divertida”, dice, aunque al Montebello no le esté yendo del todo bien porque el equipo marcha colista con cinco puntos. “Hemos pinchado un par de partidos que no debíamos y los errores cuestan muy caros”. Pero también en ese sentido cambia con respecto a España. “No desciende ningún equipo directamente. Hay un playout, por lo que no hay miedo y eso favorece el espectáculo. En España, los de la media tabla para abajo son más amarrateguis porque al ser una liga corta, se penalizan más las derrotas”, analiza.
Del Trissino, que encabeza la tabla, dice que son “unas máquinas”. “Tiene una efectividad de cara a portería que yo he visto pocas veces, realmente asombrosa”, comenta y pone como ejemplo el 12-0 que el pasado fin de semana le endosó al Sandrigo. Señala a Giulio Cocco como su principal peligro. “Es talento puro. Lo hace todo bien. Es rápido, es fuerte, tiene un buen tiro, tiene uno contra uno, tiene actitud, tiene ganas… Aunque he de decir que el gran tapado de ahí es Alvarinho”, valora. Y pese a todo, cree que el Liceo, que perdió 5-1 en la primera vuelta, “un marcador que no fue justo”, tiene dos cosas de las que el Trissino carece: “Un entrenador que les da mil vueltas al suyo y la calidad del grupo”.
Pablo Torres conoce de primera mano a varios de los implicados en el proyecto liceísta. Es primo de Dava Torres y desde muy pequeño siguió de cerca su carrera, aunque la suya discurriera por derroteros diferentes: empezó en Santa María del Mar, de alevín a infantil jugó en Dominicos, donde se proclamó campeón de España y en juvenil se fue al Barça. Ya en categoría sénior estuvo en varios proyectos de la OK Plata como el Vilafranca, el Mataró, con el que ascendió a la OK Liga, y el Tordera, y siempre entre los máximos goleadores de la categoría.
No le valió para llamar la atención de casa. “¿Al Liceo te refieres? No voy a mentir, a mí jugar en el Liceo me parecería una pasada. Ahora estando en Italia valoro más lo de casa. Porque ostras, es que al Liceo lo conocen en absolutamente todos lados. En Montebello, que es un pueblo de 4.000 personas, hablas del Liceo y la gente lo conoce”, apunta. “Sería un sueño jugar ahí. Siempre me ha gustado y aparte está mi primo y también Juan Copa, que me parece el mejor entrador del mundo con diferencia. Nunca me ha llegado la oportunidad... Pero nunca digas nunca”, añade.
Ya tiene experiencia de jugar con un familiar porque en su última etapa en el Tordera coincidió con su hermano pequeño Nico, otro de la saga Torres. “He crecido viendo a mis primos, a David y a Tito, y mi hermano ha crecido viéndonos a todos. Y viene apretando fuerte también por abajo”, señala. Un amor por el hockey, por tanto, que es parte de su ADN, pero que en el caso del menor de la casa, es todavía más exagerado: “Yo soy friki del hockey, pero es que mi hermano no tiene nombre. De pequeño el tío se ponía por las mañanas en casa a desayunar y veía partidos. Con ocho o nueve años se sabía hasta el nombre de los porteros suplentes de los equipos. Se lo sabía y se lo sigue sabiendo todo. Somos unos frikis”.
Está deseando volver a compartir equipo con él. “Yo creo que todo el mundo que tiene un hermano o que tiene familia que comparten la misma pasión, me entenderán. Fue un sueño jugar con él, un sueño que me gustaría algún día volver a repetir. No sé cuándo, no sé si se dará pronto o tarde, pero estoy seguro de que se dará otra vez”, responde. ¿Y si fuera en Coruña? “Hombre, eso ya sería... Yo creo que eso sería el sueño hecho realidad”.
Forman una buena pareja porque se entienden y se complementan. “Con un gesto, con el rabillo del ojo, ya sé lo que va a hacer”, confirma. “Yo soy un poco más de velocidad y él es un jugador de área. Me recuerda mucho a Toni Pérez o a Gonzalo, su hermano, porque también le gusta salir por fuera. Tiene una visión de juego al espacio increíble, estuvo seis años en las categorías de formación del Barça”, afirma.
También les tocó jugar en contra. “Fue justo el año que yo estuve en Mataró y el último partido de temporada. Nosotros ya habíamos ascendido y nos tocó ir a jugar a Mundet contra el Barça B y vino él, que era su último partido con el Barça porque justo el año siguiente fichaba por Tordera, como yo”, recuerda. Y por muy bien que se lleven, en la pista no hay amigos ni tampoco hermanos y saltaron chispas. “En la primera jugada del partido tuvimos así una medio enganchada y el árbitro nos dijo: “Hermanos Torres, no me deis el partido, no me deis el partido’. Fue muy gracioso”. Pasión de hermanos. Y pasión compartida por un hockey sobre patines que los une aunque ahora, de momento, les mantiene en la distancia.