Óscar Cabana (A Coruña, 1980) es un artista que destaca por su curiosa técnica. Pintor de formación autodidacta, cuenta con trayectoria académica en la arquitectura. Decidió unir estos dos mundos y empezar a utilizar una mezcla de materiales de obra en lugar de óleos, a los que da forma sobre lienzos con instrumentos de albañilería.
Su pasión por la pintura y su buen hacer le han llevado a recalar como profesor en el colegio Dominicos, al que van sus tres hijos. Allí, y gracias a uno de sus retoños, ha descubierto una nueva pasión en el hockey, donde integra la junta directiva equipo que juega en OK Plata (segunda división nacional) y gran número de equipos en categorías de formación. Además, su vínculo con el deporte va más allá, con repercusiones incluso en su ámbito más personal.
¿Cuál es su relación con el deporte?
Es buena, practico deporte desde que tengo uso de razón. Jugué al fútbol, hice judo, natación, baloncesto, voleibol... De hecho, conocí a mi mujer en el instituto jugando al voleibol. Siempre he sido de deporte, ahora mismo corro, juego al pádel... Ahora tengo relación también con mis hijos, que tengo tres. La mayor, que tiene 10 años, juega al baloncesto en Dominicos, y el mediano, que tiene 8, juega al hockey también en Dominicos. Estoy súper involucrado con ellos, sobre todo con el hockey, que para mí es una novedad y estoy encantado.
Una carrera deportiva de lo más polifacética.
Soy un culo inquieto. He hecho judo, lo típico, de actividad extraescolar en el colegio, voleibol en el instituto, hice natación de pequeño, todo actividades extraescolares. Y luego fútbol, creo que casi como todos los hombres de mi generación... equipo del colegio, del instituto, un año jugué en no sé qué otro equipo, otro año la liga universitaria de fútbol sala, pero siempre una cosa muy amateur.
Por lo que cuenta, practicar deporte también le salió bien en el ámbito personal.
Mi mujer, por supuesto, es el número uno en mi vida, pero también tengo un montón de amigos tanto del fútbol como ahora del pádel. No entiendo la vida sin la presencia en ella del deporte.
¿Por qué running y pádel?
Llevo corriendo como 15 o 20 años, básicamente para estar en forma. Lo considero muy rentable, como que corres 40/50 minutos y quemas un montón de calorías. No es que me encante correr, pero lo considero muy fácil: unas zapatillas, paseo marítimo y te sale muy rentable calorías/minuto, con poco tiempo quemas mucho. Y el pádel, porque tengo un grupo de amigos que jugamos y nos lo pasamos bien, es la excusa para quedar, tomar una caña y echar un rato agradable. Aparte, creo que es un deporte en el que es “fácil” no estorbar. No te digo que seamos Lebrón, ni mucho menos, pero por lo menos echamos unas bolas.
También tiene una relación reciente con el hockey.
Sí, con mi hijo Elmo y el colegio (Dominicos) descubrí el hockey sobre patines. Estamos encantados con el club, es un gustazo ver cómo trabajan desde la base hasta las categorías superiores. De hecho, estoy muy involucrado. Hasta el punto de entrar en la junta directiva.
¿Trata de inculcarle ese amor por el deporte a sus hijos?
Igual no es el amor por el deporte, pero por lo menos es la importancia de hacerlo, tanto a nivel de salud como a nivel social. Y también como aprendizaje, igual que vas al cole, vas a hacer deporte, hay una implicación. Esas cosas a mí me interesa mucho que los niños las aprendan. No lo vemos como una obligación, intentamos que hagan deporte, pero que vayan a gusto.
¿También les interesa a nivel aficionado?
A Olivia, como juega al baloncesto, le gusta el Básquet Coruña. Les gusta el Dépor también, porque yo soy muy del Dépor, llevo 30 años de socio, casi que les obligo a ser del Deportivo. A Elmo le gusta el Dominicos de OK Plata y tiene un sentimiento de pertenencia grande. Le gusta el Liceo también, porque es de Coruña y el Dépor. Y la pequeña es muy pequeña, sabe lo que es el Deportivo, pero aún no ha venido a ningún partido.