Hace cuatro años que Álvaro Lamelo (A Coruña, 1998) colgó los patines tras conseguir el ascenso con el Compañía de María a la OK Plata, segunda categoría nacional. Y aunque él dejó el hockey, el deporte, más que una actividad física una forma de vida que se elige de forma voluntaria, no le dejó a él. Licenciado en Fisioterapia, se trasladó a Madrid a estudiar un máster, empezó a trabajar en una clínica especializada en tratar a deportistas y acabó haciendo prácticas en la cantera del Real Madrid y en la selección española de boxeo, donde ya se quedó como uno de los dos o tres colaboradores habituales. Acaba de regresar, de hecho, de cuidar a los púgiles nacionales en el Campeonato del Mundo, donde no acabó de acompañar la suerte pese a que el boxeo español pasa por uno de sus mejores momentos y Lamelo es un privilegiado de vivirlo desde dentro.
“Hay un fisio digamos como fijo y después somos dos o tres los que nos van llamando”, explica desde Francia, donde disfruta de unas pequeñas vacaciones después de su paso por el Mundial. “También estuve en el Europeo, en concentraciones de preparación de las grandes citas internacionales, en Mundiales... Muchas veces me van llamando también según necesidades. Ahora, por ejemplo, la selección masculina se fue a China y entonces vamos por el Centro de Alto Rendimiento para las cosillas que van teniendo los que se quedaron”, cuenta sobre su trabajo con la selección.
Reconoce que llegó al boxeo un poco de rebote. “Antes solo seguía los combates más famosos”, dice. “Pero una vez dentro, ya me metí a fondo y ahora veo todo”, bromea. También admite que desde fuera, percibía este deporte algo diferente de lo que realmente se encontró. “No llegué a sentir recelo cuando me surgió la oportunidad, tenía muy claro que iba a decir que sí porque es un placer contribuir en todo lo que tenga que ver con deporte. Pero sí que creía que era algo más agresivo y para nada, es un deporte muy noble en el que los boxeadores se respetan muchísimo”, añade y se ríe: “Dicho todo esto, no pienso subirme nunca a un ring”.
Lo que es muy diferente a los deportes que él ya conocía son las necesidades musculares, sobre todo de recuperación. “De los combates llegan muy cansados y con contusiones”, apunta. Pero lo que más trabajo le da es tratar de compensar con sus manos las consecuencias de las bajadas de peso que tienen que hacer habitualmente los boxeadores antes de los combates. “Muchas veces hay peligros de deshidratación por falta de alimentación. Y sobre todo en campeonatos como Europeos y Mundiales, es muy duro porque hacen cuatro o cinco combates y tienen que dar el peso para cada uno de ellos”.
En la selección, Lamelo coincide con otro coruñés, el medallista olímpico Enmanuel Reyes, de origen cubano. “Coruña es un tema bastante recurrente para nosotros”, reconoce, “en concreto, lo bien que se vive allí y lo que lo echamos de menos”. No se moja sobre si el conocido como El Profeta llegará a Los Ángeles 2028, los que serían sus terceros Juegos Olímpicos. En los primeros, los de Tokio, logró el diploma. En los segundos, los de París del pasado verano, se colgó el bronce. “Yo siempre le digo que es un potencial campeón olímpico, pero si va o no a Los Ángeles es algo que solo él puede decidirlo en función de sus ganas porque los ciclos son muy largos y muy exigentes”, valora.
A él sí que le encantaría ser uno de los elegidos para ir como fisioterapeuta del equipo a los Juegos de dentro de tres años al otro lado del charco. “Lo veo complicado porque por delante de mí está mi mentor, al que espero que le queden muchos años. Y además es una decisión que tiene que tomar el CSD. Pero claro que me encantaría. Es el culmen del deporte y a los que nos gusta, siempre lo hemos visto por la tele”. Solo tiene 27 años. Mucho tiempo para cumplir este sueño.