¿El Liceo de finales de los 80 o el Igualada de principios de los 90?
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¿El Liceo de finales de los 80 o el Igualada de principios de los 90?

La eliminatoria de cuartos de final de la Copa del Rey rememora una rivalidad histórica que marcó una época
¿El Liceo de finales de los 80 o el Igualada de principios de los 90?
Jugadores del Liceo de principios de los 90

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Los Chicago Bulls de Michael Jordan, Los Angeles Lakers de Magic Johnson y los Boston Celtics de Larry Bird. El Real Madrid de Di Stefano, el Ajax de Johan Cruyff y el Barça de Leo Messi. Hay equipos que marcan una época, que se convierten en un símbolo. En el hockey sobre patines, dos de ellos son el Liceo de Andrés Caramés de finales de los años 80 y el Igualada de Carlos Figueroa de principios de los 90. Con la suerte para los espectadores de que durante un período se solaparon en el tiempo, por lo que las finales entre ellos son merecedoras de estar colgadas en un museo cual obra de arte. El duelo de cuartos de final de la Copa del Rey que enfrenta a ambos el viernes en Calafell rememora esa histórica rivalidad. Dos plantillas. Dos estilos. Algún que otro punto en común. Intercambio de golpes. Y muchos títulos.


“Sin ninguna duda son dos de los mejores equipos de la historia”, responde Willy Duarte, que todavía sigue vinculado al hockey en la directiva verdiblanca. “En esa época también estaba el Novara italiano, que tenía un equipazo, pero básicamente éramos nosotros y el Igualada, que nos íbamos repartiendo las victorias”, añade. Desde la portería con José Luis Huelves primero y Ramón Canalda después de un lado y, del otro, Carles Folguera. Hasta la dirección del juego, por donde pasaba la calidad de Mario Rubio para unos, David Gabaldón para otros. Y por último, los goleadores, con un Daniel Martinazzo, un Roberto Roldán y un Fernando Pujalte en el bando gallego; y un Joan Ayats y un Santi Cardá en el catalán. Jugadores que no necesitan presentación.

 

Igualada
Igualada


“El Igualada había apostado por un grupo de jóvenes, con los que yo había coincidido en la selección sub-19 y aguantó hasta que esa generación siguió o los consiguió retener. Empezaron sobre 1988 y tiraron hasta 1995”, recuerda Duarte. “Para mí era una plantilla muy compensada. Gabaldón no destacaba tanto, pero era el que movía el equipo. Santi Cardá era el motor. Después estaba un goleador como Ayats... Pero para mí era diferencial en la portería Folguera, que además empezó a cambiar la forma de parar, más metido en la portería y más estático”, valora.


Para Duarte, el Igualada no solo marcó una época, sino que dejó huella con su estilo. “Empezaba con otras transiciones, con un ataque con muchas jugadas ensayadas... Yo creo que también Carlos Figueroa influyó mucho con el tándem que hizo con el segundo entrenador, pues cambió un poco la forma de jugar y sobre todo cogió un bloque de jugadores buenos, muy jóvenes y disciplinados en el sentido de que aunque todos eran muy buenos, ninguno destacaba”, valora sobre el trabajo de Figueroa, con quien cruzó sus caminos en el verano de 1989, uno fue de Dominicos al Liceo y el otro, viceversa, donde jugó un año más, hizo historia al ganar la Copa, se retiró y ya se pasó al banquillo del Igualada. “Y sobre todo confiaban mucho en el portero y el chut de Cardá”, apunta. ¿Y qué tenía el Liceo? “Mucha, mucha calidad”, sentencia.

 

Línea temporal


El Liceo levantó sus dos primeros títulos en 1982, la Copa del Rey y la CERS separadas por solo doce días. Ahí empezó a escribir una leyenda que se mantiene hasta la actualidad, en la que sigue ganando trofeos, la última la Liga de 2022. Pero quizás sus dos temporadas más gloriosas fueron la 1986-87, en la que sumó Liga y Copa de Europa; y la 1987-88, que rozó el pleno. Solo se le escapó la Liga, por tres puntos frente al Noia (con el Igualada, tercero, ya avisando), pero conquistó la Copa del Rey, la Copa de Europa, la Supercopa de Europa y la Intercontinental. La alineación casi sale de memoria: José Luis Huelves y Manolo Taibo en la portería; Daniel Martinazzo, Mario Rubio, Fernando Pujalte, Alejandro Avecilla, Kiko Alabart, Carlos Figueroa y el canterano Óscar Rey. Con el único cambio de un año a otro de Alberto Areces, retirado,  y la llegada de Celso González.

 

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Cardá y Roldán


Al año siguiente (88-89) se produjo la irrupción del Igualada, que se proclamó campeón de Liga por primera vez en su historia. Sin embargo, el Liceo, al que llegó Roberto Roldán de refuerzo, le paró los pies en una final de la Copa del Rey que acabó con empate a siete goles en la ida y con victoria coruñesa por 3-4 en la vuelta. También se llevaron los verdes ese año la Supercopa de Europa y la Intercontinental. Se volvieron a ver las caras un curso después (89-90) en la final de los playoffs. Los catalanes se adelantaron al ganar el primer partido de la serie por 3-2. 

 

El factor cancha pesaba muchísimo contra el Igualada”, analiza Duarte, presente ya en esa eliminatoria porque llegó ese año junto a Joan Carles (precisamente desde el Igualada) y Toni Rovira, “era una gozada jugar allí porque en aquel momento era de las pocas pistas que eran únicas y solamente para jugar al hockey”. Pero resbalaba y el público, “con el pabellón a reventar”, apretaba. El Liceo, no obstante, le dio la vuelta a la final en el Palacio con un 7-3 y un 3-1 y se llevó una nueva Liga a sus vitrinas.


Fue más clara la victoria liceísta en la 1990-91, de nuevo en la final, porque ganó en casa 5-2 y remató fuera 2-4. Por la vía rápida. Pero el Igualada se vengó por partida doble un año después (91-92) con triunfo en la tercera final seguida de playoffs. “Perdimos allí, vinimos aquí y ganamos 4-3 en un partido que fue un espectáculo de los porteros porque fueron 50 minutos de puro ataque y nunca en mi vida vi a dos porteros parar tanto”, recuerda Duarte, “pero después volvimos a perder allí, donde pesó mucho el factor público y el factor cancha, metieron mucha presión”. El Igualada también le apeó ese año en cuartos de la Copa del Rey.

 

El Barça acabó con ambos


El Liceo despidió una era en la 92-93, cuando se desmanteló el equipo (Martinazzo se retiró y Pujalte y Joan Carles tomaron rumbo al Barça), imponiéndose en el duelo por la Liga al Igualada, esta vez en temporada regular. Les quedó terreno abierto, por unos años, a los arlequinados para aumentar su palmarés hasta seis Copas de Europa, cinco Ligas, cinco Supercopas de Europa, dos Copas del Rey y una Supercopa de España. Después también perdió potencial a costa del Barça, a donde se marcharon Folguera y Gabaldón, además de Carlos Figueroa para el banquillo (donde a principios de los 2000 moldeó el dream team azulgrana de los Paez y Borregán).

 

El Liceo aún tuvo tiempo de recuperarse, con una generación en la que a Duarte se le unieron Facundo Salinas, Raúl Monserrat, Boqui Pueyo y Diego de Santiago, para ganarle al Igualada dos finales de Copa del Rey (1996 y 1997). "Recuerdo en la que Rui Lopes marcó cuatro goles nada más empezar", señala el coruñés. Y más adelante, ya con Carlos López, Francesc Bargalló, Jordi Bargalló y Josep Lamas entre otros, otra Copa del Rey en 2004 y la de Champions de 2003, aunque un poco antes también había perdido una Supercopa continental (2000).
 

En total, Liceo e Igualada se enfrentaron en nueve finales y siete acabaron del lado de los verdiblancos y dos del rival. En cuanto a partidos, son 121 en cinco competiciones diferentes, con 75 victorias (19 de ellas de forma seguida entre 2013 y 2024), 14 empates y 32 derrotas para los gallegos. El Liceo viene de un ciclo ganador y está convencido de que se encuentra en el inicio de otro. El Igualada conquistó el año pasado la WSE Cup, donde ya está a las puertas de la final tras eliminar el fin de semana pasado al campeón de Europa. ¿Estamos ante el inicio de una era y nueva rivalidad? 

¿El Liceo de finales de los 80 o el Igualada de principios de los 90?

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