Cuenta la leyenda que cuando Jordi Bargalló era pequeño llegó un día muy enfadado a casa porque el Noia, el equipo de su pueblo, había perdido contra el Liceo. Sus padres, intentando tranquilizarle, le explicaron que era algo normal porque los rivales eran profesionales. “¿Y eso qué es?”, preguntó él. Algo se había encendido en su interior, una luz verdiblanca que no dejó de acompañarle y que después de ver jugar a Roberto Roldán en el Ateneu, le guió a cumplir con su destino, aunque no pudiera ni imaginarse que jugaría un día en ese equipo a 1.044 kilómetros de su casa. Y mucho menos que su estancia se prolongaría durante doce temporadas, sería capitán, levantaría diez títulos e incluso con 516 goles superaría a su ídolo, quedándose en segundo lugar en la lista de máximos realizadores de la historia liceísta, solo por detrás del intocable Daniel Martinazzo. Al final, la leyenda fue él. Del Liceo. Del Noia. De la selección. Del hockey en general. Dentro y fuera de las pistas. Por juego y carisma. Por humildad y entrega. Por su estrella. Y una leyenda que cuando al final de esta temporada cuelgue los patines con 45 años, será eterna.
A Jordi Bargalló, que ayer colgaba en redes sociales un vídeo para anunciar “lo que pensaba que nunca iba a llegar”, aún le queda una última visita a casa: el 23 de marzo (o penúltima si el Liceo y el Noia se cruzan en los playoffs por el título). El Palacio de los Deportes de Riazor le brindará entonces una tercera despedida. La primera fue en 2006, después de sus primeras cuatro temporadas. La segunda, más traumática y polémica, el 4 de junio de 2016 y acompañado por su hermano pequeño Pau, con el que coincidió sus dos últimos cursos: “No pensaba irme de A Coruña y me tuve que marchar”. Fue el punto y final a una etapa que había iniciado con 22 años, bajo el ala de su primo mayor Francesc, y que terminaba con 36, dos hijos coruñeses y una casa y una familia para siempre.
En el vídeo de despedida, repasa su trayectoria, desde sus inicios en el colegio Sant Josep hasta su paso por la cantera del Barça, el paréntesis en Igualada, la experiencia portuguesa en el Oliveirense y el principio y el final en el Noia, pero cuando se tiene que acordar del equipo de A Coruña, habla de “mi Liceo”. Catalán de nacimiento (Sant Sadurní d’Noia, 1979) y coruñés de adopción (incluso llegó a ser pregonero de las fiestas de María Pita), cuando Jordi Bargalló levantaba el brazo en el que portaba el brazalete de capitán, apuntando con el puño hacia lo alto del Palacio de los Deportes de Riazor, todos sabían que era la señal de guerra, de que empezaba la ofensiva del Liceo, así lo ordenaba su capitán. En esa transmisión de genes y ADN verdiblanco de generación en generación, lo aprendió de Facundo Salinas en una primera etapa en la que ganó una Copa del Rey, una Supercopa de Europa, una Intercontinental y la inolvidable Champions en Riazor.
Y él se lo enseñó a Dava Torres ya hacia el final de la segunda, fructífera también en cuanto títulos con un triplete europeo inaudito, CERS (2010) y dos Champions (2011 y 2012) seguidas, y en 2013, Supercopa de Europa, Intercontinental y, por fin, la tan deseada OK Liga, casi una deuda histórica. No se podía ir sin ella el mejor jugador del mundo de su época, seguramente uno de los que se encuentren en el top diez de todos los tiempos. Carlos Gil, de quien se convirtió en su cerebro sobre la pista, siempre lo definió a la perfección: “No sé si el mejor (al final siempre es cuestión de gustos), pero sí que es el más completo”.
Jordi Bargalló cuelga los patines, pero no abandona el hockey sobre patines, ya que pasará al staff de la selección española como ayudante del que fue su entrenador en el Noia las últimas temporadas. “Recibí la llamada de Pere Varias, abriéndome la posibilidad de poderle acompañar en esta nueva etapa como segundo entrenador de la selección absoluta masculina y no me lo pensé dos veces. Me hace muchísima ilusión y creo que es una entrada ideal para mí en el mundo de los banquillos. Siempre he estado muy a gusto en mi etapa como jugador en la familia de la RFEP”, comenta en un comunicado de la Federación.
Precisamente Bargalló pone la guinda a su excelente palmarés con su curriculum con España, de la que se fue retirando paulatinamente desde 2015 tras ganar cuatro Mundiales, cuatro Europeos y una Copa de las Naciones. “Ha sido un viaje único e irrepetible, me siento muy afortunado de haber podido vivir mi pasión durante tantos años. Mando mi agradecimiento más sincero a mi familia y a toda la comunidad del hockey patines”, se despide en el vídeo. Ahora el turno para decirle adiós, de aquí a final de curso, será del púbico.