ÉRASE UNA VEZ | Fútbol con bigote en Riazor
lll
17º-23º

ÉRASE UNA VEZ | Fútbol con bigote en Riazor

ÉRASE UNA VEZ | Fútbol con bigote en Riazor
Foto: Manuel Barral | Archivo de El Ideal Gallego

Usuario

“Vos sabés el honor de haber sido capitán del Dépor...”, explica Martín Lasarte al recibir la foto en su whatsapp, que recuerda cuando le pararon en la aduana del aeropuerto de Dubai para mostrarle una foto suya con la camiseta blanquiazul y el brazalete. Una de ellas se sacó el 16 de febrero de 1992. Deportivo y Cádiz se vieron las caras en Riazor cuando al fútbol se jugaba con bigote, sobre todo si de lo que se trataba era de guardar la portería. 


Era un duelo directo en la batalla por la permanencia que se jugó en la tercera jornada de la segunda vuelta. En la primera el Deportivo apenas había ganado cinco partidos, suficientes como para que el equipo se situase fuera del descenso. Pero las sensaciones, con el técnico Marco Antonio Boronat al frente no eran buenas porque el equipo no había marcado gol en sus cuatro últimos partidos en Riazor. “Habrá que ir a la pelea desde el primer momento”, arengó el discutido técnico donostiarra, un discípulo de John Benjamin Toshack que se había presentado como un soplo de modernidad en un equipo que había ascendido de categoría bajo los ascentrales códigos de Arsenio Iglesias. Al final resultó que lo clásico era lo que funcionaba.


La afición estaba levantada en armas porque Boronat no tenía en cuenta a Zoran Stojadinovic, héroe del ascenso con dos goles ante el Murcia. Tampoco alineaba al joven Arturo, solicitado desde un pertinaz sector periodístico por su goleadora carta de presentación con el Fabril. Aquella tarde ante el Cádiz marcó Peio Uralde el gol que sirvió, en la segunda parte, para empatar el del Mami Quevedo antes del descanso. 


Pero entonces el fútbol se definía a partir de una mezcla de orgullo y coraje. Y por eso ahí estaban sobre el círculo central en el saludo entre capitanes los dos pìlares defensivos de ambos equipos, dos centrales bigotones que destilaban honestidad. Martín Lasarte jugaba su última campaña como deportivista. Llegó al equipo mediada la temporada 1988-89 y tras el ascenso a Primera disputó una campaña entre los grandes. Carmelo era el Beckenbauer de la Bahía, un mito del fútbol gaditano que tenía un pasado coruñés porque su familia había vivido en la ciudad, él había ido al colegio con un hijo de Arsenio y llegó a alinearse en el Ural, presidido entonces por Lendoiro.


Lasarte y Carmelo se dieron la mano antes del inicio de aquel duelo en Riazor. Como testigos en primera fila estaban los dos jueces de línea bigotones del árbitro cántabro Díaz Agüero, que al menos para la foto ejerció de secundario. También tenía bigote Ramón Blanco, el técnico del Cádiz. El Deportivo alineó de inicio a Josu en la meta, López Rekarte y Sabin Bilbao en los laterales, Djukic y Martín Lasarte en el eje de la zaga. El central Albístegui se ubicó por delante de la defensa con Kiriakov, José Ramón y Fran en mediocampo. Claudio y Villa fueron los delanteros hasta que a la hora de partido saltó al campo Uralde. También jugó Musti Mújika.


El 1-1 final fue el reflejo de un partido parejo. Boronat apenas pudo cantar victoria en uno de los ocho siguientes partidos y Augusto César Lendoiro le puso el finiquito sobre la mesa tras un 3-0 en casa del Albacete. Volvió Arsenio y... ¡cuánto sufrimos con Martín en la promoción para salvar la categoría!

ÉRASE UNA VEZ | Fútbol con bigote en Riazor

Te puede interesar