“La entrada de Diego Gómez nos permitía alternar con Petxa en la banda derecha y crearle problemas al Cartagena. Teníamos un jugador que tenía que saltar muchos metros ahí podíamos ser capaces de atacar tras robo. La idea inicial fue modificada porque con uno menos robas menos y cuesta más apretar arriba. Los jugadores de banda hicieron un trabajo difícil porque son los jugadores que más metros deben recorrer”. Así resumió Óscar Gilsanz la primera titularidad del extremo de Amoeiro con el primer equipo del Deportivo, un sueño cumplido que dejó la espinita de esa “idea inicial modificada”.
Le llegó la oportunidad a Diego Gómez justo cuando se cumplían dos meses de que el club blanquiazul ejecutara su repesca desde el Arenteiro. El zurdo, una de las perlas que el técnico de Betanzos ha cuidado más bajo su ala en los últimos años en el Fabril, ha tenido que trabajar duro para ganarse minutos en Segunda después de que su capacidad le permitiera dejar a medias con sobresaliente su curso acelerado en Primera Federación.
26 MINUTOS
había jugado Diego Gómez hasta el partido de ayer desde que regresó al Deportivo el 23 de enero.
El escenario parecía propicio para que sus cualidades lucieran. Rival tocado y la presencia de Petxa, un lateral más asociativo que Ximo, para darle libertad pegado a la cal. Saben bien en Espiñedo todo lo que puede producir desde ese costado. Lo conoce perfectamente Gilsanz, que prendió la mecha de esa evolución de Diego cuando se quedó sin extremos en el Fabril.
El sueño tornó en casi pesadilla después de seis minutos. La expulsión de Ximo recolocaba todas las piezas del tablero y le exigía al canterano más kilómetros que pincel. Una prueba de carácter que el nuevo ‘7’ deportivista no rehuyó. Se puso el mono de trabajo y dio la cara durante los 59 minutos que estuvo sobre el verde.
La nueva disposición no cambió mucho su zona de influencia, con un rol claramente marcado para abrir el campo por la banda derecha. Desde ahí debía estirar al Cartagena a lo ancho cuando recibía abierto, o bien romper al espacio desde el pasillo intermedio cuando Petxarroman retrasaba su posición a la base de la jugada.
Gilsanz “Su entrada nos permitía alternar con Petxa y darle problemas al Cartagena”
Lo que si provocó jugar con un hombre menos fue una versión más tímida de Diego Gómez. El ourensano quiso elegir muy bien cuándo arriesgar y no logró conseguir grandes ventajas, pero a cambió se mostró muy seguro en el pase fallando únicamente una de las entregas que intentó. Se llevó cinco de los nueve duelos en los que intervino y participó en 30 ocasiones, recibiendo dos faltas y perdiendo cuatro balones. Ahí estuvo su gran borrón de la tarde. No a nivel cualitativo, pero sí cuantitativo. Cuando Mella ya esperaba en la banda para darle el relevo, el joven se dejó robar la cartera en el centro del campo dando origen a la jugada del primer gol del Cartagena.
Esa fue la última intervención de su estreno como titular con el Deportivo en un día en el que sumó el doble de minutos de lo que había tenido hasta el momento. Probablemente no fue como se había imaginado, pero después de renovar hasta 2030, lo que está claro es que vendrán muchas más oportunidades.
El otro protagonista del encuentro fue Barbero. El delantero ha perdido protagonismo en el equipo, pero salvó un punto con su primer gol desde el que le marcara al Castellón hace tres meses: “El míster me pidió que cuando ellos adelantaran la línea, aprovechara los espacios. El gol es una jugaba bastante rápida. El balón le cae a Yere, que combina con Mella, y Mella ve el espacio y yo lo aprovecho. Tenía las piernas frescas y estoy contento por haber podido marcar después de tanto tiempo”. El andaluz entiende la llegada de Eddahchouri y acepta su rol mientras sigue trabajando para tener más minutos: “Es entendible. Cuando no tienes la suerte de tener esa certeza de cara a gol... Por eso se ha traído otro refuerzo como Zaka. Sigo trabajando cada día e intentando aprovechar las oportunidades para convencer al míster y tener más minutos”.