En la Liga de los visitantes el Deportivo es tercero y pelea por el ascenso a Primera, en la de los locales está en descenso. El equipo que suma 18 puntos en Riazor va ya por los 23 lejos de su feudo, detalle que alerta sobre su pelaje y nos invita al optimismo porque cuando eres capaz de resolver lo más complicado debería ser cuestión de tiempo, y de pericia en determinadas decisiones, componer algo mejor acabado. Mientras el futuro se acerca el equipo suma: en lo que va de año ha jugado once partidos y solo cayó en dos, el del regalito al Levante en Riazor y la mala tarde en casa del Eldense. En Castellón se volvió a dar otro pasito hacia el sosiego en un partido nervioso y agitado. Al neerlandizado equipo del apostador Bob Voulgaris le gustan las ruletas rusas.
Lo mejor que se puede decir del Deportivo es que puntuó incluso en un partido en el que se advirtieron varios defectos, alguno de ellos en cuestiones tan sencillas de paliar como los tacos de las botas de los jugadores. Varios dieron la sensación de transitar con neumáticos lisos en terreno mojado. Y los resbalones estuvieron a punto de generar incendios ante un rival en el que abundan los pirómanos, que acumula gente en campo contrario y busca combinaciones por dentro en espacios reducidos. Pocos equipos juegan así en la categoría y al Dépor le costó por momentos defenderse.
En todo caso llegaron dos goles y uno de los que logró el rival debió ser anulado. Ahora que hay tanto ruido en torno al VAR no estaría de más que se orillasen protocolos y consignas y se emplease la herramienta para lo que se debe, que es ni más ni menos que corregir errores. Si Vertrouwd le propina una patada a Mella en el origen del primer gol del Castellón y la acción se aprecia en el vídeo, como así ocurre de manera palmaria, lo fetén es advertir al árbitro de que hay una falta monumental. Y no dejarlo a su primer y apurado criterio. Una falta es una falta y cualquier árbitro que la viese así lo señalaría. Pues si existe, como así es, la posibilidad de que la vea tiene que irse al monitor y rearbitrar una acción tan decisiva. Si no es así, ¿qué sentido tiene disponer del videoarbitraje?
Tampoco hubiera sido justa una victoria del Deportivo. Ni el fútbol tiene que ser justo. El partido se puso de cara tras la enésima genialidad de Yeremay, pero este nuevo Dépor al que le encantan los partidos en los que pasan pocas cosas no pudo evitar que todo se fuese durante bastantes minutos allí donde quiso el rival. Y eso que antes del empate pudo llegar el segundo e igual todo hubiese sido diferente, pero Mella no decidió bien cuando dos compañeros esperaban su pase. No fue el mejor partido del extremo, tampoco brilló Mario Soriano en la posición en la que se espera que marque diferencias. Y a Eddahchouri apenas se le vio. Tampoco Barbero manejó a la zaga castellonense como lo había hecho el pasado mes de diciembre en Riazor.
Le faltó chicha en ataque al Dépor y le sobraron apuros ante talentos como Alex Calatrava. Más de una vez pareció tibia la zaga, poco contundente en situaciones que requerían respuestas tan rotundas como la que exhibió Pablo Vázquez en el gol que valió el empate final y minimizó el destrozo que había ocasionado el tanto en contra al inicio de la segunda parte.
Volvió a aparecer el mejor Helton Leite en esas acciones puntuales en las que siempre está cuando se le necesita y se mostró Denis Genreau, que tiene toque y le da sentido al juego porque conoce el oficio del ocho. Tampoco que nadie se confunda porque no es primo de Iniesta ni siquiera cuñado de Pedri. Con todo, tras exponer más defectos que virtudes y vivir más de una vez sobre el alambre, el equipo volvió a ir a más con el paso de los minutos hasta el punto de que acabó el partido con el balón en los pies.
El caso es que mal que bien el Deportivo suma y sigue para dar continuidad a una dinámica que no es la propia de un equipo que debería pasar apuros, aunque el descenso siga a seis puntos o ese Zaragoza en llamas esté a apenas cinco y el abismo ahí presente nos tenga el corazón encogido. Por eso el regreso a Riazor, con el colista Cartagena a la vista, exige más de lo que se ha dado hasta ahora en el estadio.
El próximo fin de semana es el momento de dar el gran salto, de esperar el sábado buenas noticias desde Elche, donde juega el tozudo Eldense, y llegar al domingo, ante el deportivismo anhelante de festejar en casa, con la certeza de que es el momento de sumar tres puntos, huir de la quema y empezar a diseñar el segundo curso de esa carrera que debe acabar, aquí también, en un máster, uno en Primera División.