El milagro del Básquet Coruña es posible. O eso dicen los libros de historia de la Liga ACB. En 24 temporadas con 18 equipos, solo ocho llegaron con el mismo récord que el Leyma a las últimas diez jornadas: 5-19. Y solo uno se salvó de la quema. El Gijón Baloncesto de la 2000-01 completó la machada con 6-4 en el tramo final. Aquel equipo que dirigía el ferrolano Moncho López, con un jovencísimo Moncho Fernández (ahora técnico del Girona, próximo rival en el Coliseum) como ayudante y otros dos gallegos en la plantilla, el larachés José Ramón Esmorís y el porriñés Javi Rodríguez, también era colista en la jornada 24, pero terminó el curso con seis victorias y cuatro derrotas para un balance final de 11-23 por encima de Cantabria (10-24) y los descendidos Alicante y Ourense (ambos con 9-25).
“No me acordaba que habíamos ganado seis de los últimos diez”, se sorprende Esmorís, que presenta un historial con 277 partidos en la ACB con las camisetas del OAR Ferrol, el Sant Josep Girona, el Ourense, el Gijón (cuatro años, de 1998 a 2002), el Caja San Fernando y el Manresa, además de jugar en Tenerife, Zaragoza, Gipuzkoa, Tizona Burgos, Básquet Coruña (2009-2011) y Calvo Xiria (2016-2018).
El interior larachés no tiene la receta para la permanencia, pero esgrime varios intangibles que considera importantes para creer en la permanencia del Leyma: “No hay secretos. Se trata de trabajar duro y nunca arrojar la toalla para llegar a las dos o tres últimas jornadas con opciones. También es fundamental el buen rollo y que no haya movidas raras en el vestuario. Nostros teníamos muy buen grupo, nos íbamos a cenar juntos”.
Esmorís era uno de los supervivientes en la plantilla del Gijón que ascendió a la ACB en 1999 con grandes nombres a su lado como Luis Scola, Tomás Jofresa o Pancho Jasen. “El primer año en la ACB es muy, muy duro. Tengo amigos en el Básquet Coruña y se lo dije desde el primer momento. El porcentaje de equipos ascendidos que bajan es muy alto. Cuesta todo tres veces más”, advierte José Ramón, que tuvo que esperar hasta la última jornada de aquel curso para celebrar la permanencia.
“Teníamos que ganar en casa contra el Manresa y que León perdiese, pero al descanso iba ganando. Se dio una carambola terrible. Jordi Millera falló un tiro libre y nos fuimos a la prórroga. Nada más empezar, Terquin Mott hizo la quinta y yo pensé ‘ahí vamos’, pero acabamos ganando de cuatro y nos salvamos. No sé lo que es ganar un título, pero salvarse en el último segundo es una fiesta que flipas”, recuerda el jugador coruñés.
En verano salió Scola, pero el club mantuvo a la columna vertebral del equipo e incorporó a Lou Roe, a la postre MVP de la temporada con 21,8 puntos y 8,5 rebotes por partido, y ya en el tramo final a Edtrick Bohannon, que en 13 partidos contribuyó con promedios de 10 tantos y 7,5 capturas. El impacto de los fichajes estadounidenses marcaban el tono competitivo de las plantillas en aquella ACB a caballo entre los noventa y el nuevo siglo.
“Aquel equipo dependía de Lou Roe, pero Jofresa estuvo muy bien y Javi Rodríguez ya era una realidad. Era un equipo con mucha fe y en el que el entrenador tenía mucha ascendencia. Fichó jugadores de pedigrí, tenían algunas desconexiones, pero en casa funcionaban muy bien y el Palacio se llenaba con 6.000 espectadores”, rememora José Ángel García Iglesias, periodista que cubría la actualidad del equipo y hoy es el jefe de deportes de Deportes en El Comercio de Gijón.
Esmorís destaca la importancia de confiar en un mismo entrenador: “Moncho trabajó todo el año sabiendo que el club no iba a tomar una decisión drástica, tenía su confianza. No sé si sirve de algo cambiar de entrenador, pero si había un momento adecuado en el Básquet Coruña ya pasó. Es muy difícil traer a alguien nuevo para las últimas ocho o nueve jornadas. Epi es un tío capacitado y muy trabajador, es importante que la directiva y los jugadores confíen en su trabajo”.
El Gijón le encomendó el papelón a los ‘Monchos’. Y es que a López le acompañaba desde esa temporada un joven aprendiz, Fernández, que hoy acumula 457 partidos en la ACB y este sábado visita el Coliseum al frente del Girona. Entre los dos, el papel de Roe y los jugadores de rol como el larachés levantaron la situación con seis victorias (Valladolid, Girona, Cáceres, Ourense, Breogán y Alicante) en los diez partidos finales.
“Cuando ves que no ganas partidos y te instalas ahí abajo, hay que saber manejar esa tensión y convivir con ella, entender donde estás y saber que es un equipo que no está hecho para salvarse a falta de cinco o seis jornadas”, asume José Ramón, que insiste en la importancia de mantener la actitud positiva mientras queden opciones matemáticas.
“El Básquet Coruña tiene que tratar de llegar con opciones al final. Lo que pide la situación actual es no dejar de creer y seguir trabajando. A veces ya no sabes qué hacer para que salgan las cosas, son detalles muy pequeños, pero entonces consigues dos o tres victorias que cambian la inercia y lo ves todo de otra manera. Yo sigo teniendo la ilusión. Si se acaba salvando no sería la primera vez que pasa. Yo lo viví”, confía Esmorís, que con el recuerdo de aquel Gijón de primeros de siglo marca el camino de la salvación del Leyma.
El más difícil todavía del Joventut |
El histórico Joventut escapó del descenso tras pasar una delicada situación en la ACB 2017-18, cuando llegó a la jornada 24 con solo cuatro victorias, una menos que el actual Básquet Coruña.
Liderado por la irrupción del talentoso Nico Laprovittola, que cedido por el Zenit de San Petersburgo jugó 17 partidos y promedió 16,4 puntos y 6,9 asistencias, ganó ocho partidos de diez para acabar con 12-22.
Joventut y Gijón son los dos casos que lograron la permanencia con de 5-19 o inferior a diez jornadas para el final. ¿El Básquet Coruña será el tercero? |