Menudos recuerdos me vinieron a la cabeza este pasado miércoles al ver la portada de DXT Campeón. Se trataba de una fotografía del partido que Deportivo y Huesca disputaron un 3 de enero de 1981. Hace ya 44 años, nada menos. Y digo lo de menudos recuerdos porque ese partido fue el primero que fui a ver del Deportivo en toda mi vida. Como para olvidarlo.
Por motivos laborales de mi padre me tuve que marchar de A Coruña muy pequeño. Y sólo volvía a la ciudad en Navidad y un mes en verano. Había ido más veces a Riazor, pero nunca había visto al Deportivo. Había estado en un Teresa Herrera con el Real Madrid, el Sporting de Gijón, el Oporto y el Flamengo. Y había ido también un año antes a un España-Holanda sub 20 donde jugaron dos deportivistas: Serafín y Pardo II. Es decir, que puedo decir que he visto antes a dos deportivistas jugar con la selección española que con la camiseta del club coruñés, lo cual tiene narices.
Pues allá que me fui yo ese 3 de enero de 1981 a Riazor a ver, por fin, a mi Deportivo. La tribuna había sido derribada y en su lugar se habían habilitado unas gradas supletorias detrás de la portería de pabellón. La grada de General, las dos Preferencias y la añorada Grada Elevada seguían, de momento, en su sitio. En esa tribuna supletoria (cubierta, eso sí) se sentaba uno donde le daba la gana porque había sitio para todos. Y no porque fuera muy grande, sino porque los que iban al fútbol eran más bien pocos. El horario intempestivo, las tres y media de la tarde. Y el motivo era que no estaban las torres de luz y había que jugar antes de que anocheciera, que en enero es muy temprano, como todos sabemos.
Hoy también se juega a un horario muy malo, pero esta vez es porque en 2025 las que mandan son las televisiones. Y lo que más chocó en ese partido de 1981 fue que el árbitro era de raza negra (“de color” se podía leer en las crónicas del día siguiente).
En aquellos años en los que ya era raro encontrarse algún extranjero en la ciudad y en la que al rey Baltasar en las cabalgatas lo representaba cualquier vecino con la cara convenientemente embadurnada con betún, el hecho de encontrarse un señor de raza negra pues ya era todo un acontecimiento.
El bueno del árbitro se llamaba Sam Etoha y era un ecuatoguineano afincado desde hacía muchos años en Valladolid. Y en cuanto al partido, dicen que fue malo de solemnidad, pero a mí me pareció el mayor espectáculo del mundo. Le ganamos por dos a cero a un equipo bastante inferior al nuestro, lo cual era normal porque en aquella temporada en Segunda B le ganábamos a casi todo el mundo. Recuerdo que José Luis falló un penalti y que el partido lo resolvimos en la primera parte.
Mucho han cambiado las cosas desde 1981, evidentemente. Aunque, bien pensado, algunas otras han perdurado en el tiempo. Aquel año el partido se jugó a las tres y media de la tarde y hoy se juega a las dos, horarios nada futboleros. En 1981 teníamos un estadio que se derribaba para hacerlo nuevo de cara al Mundial 82 y ahora andamos con las mismas con la vista puesta en el Mundial 2030. Y, lo que más ilusión me hace: en 1981 era costumbre quedar los sábados a las seis en el Avenida y en este 2025 por fin podremos hacerlo de nuevo.