Siempre que pienso en el Tenerife me acuerdo del ascenso fallido a Primera División de 1990 y el gol de aquel tal Eduardo que nos dejó chafados. Un disgusto que nos duró un año nada más. Lo que tardamos en quemar la cubierta de Preferencia y marcarle dos goles al Murcia.
Sin embargo, han pasado muchas más cosas en los enfrentamientos entre ambos clubes. Algunas han sido recordadas esta semana en este mismo diario, pero yo quería centrarme en los enfrentamientos en una temporada feliz para nosotros: la 92-93.
El inicio de esa campaña todo era alegría. Empezamos ganando 2-0 al eterno rival y Bebeto se estrenaba como goleador en liga.
Luego dimos una exhibición ante el Sevilla, le ganamos a Osasuna, vencimos en el viejo Atocha a la Real Sociedad. Y como colofón, aquella remontada ante el Real Madrid que inició el calvario de los blancos en Riazor que duró 18 temporadas, nada menos.
Y llegó el partido en el Heliodoro ante el Tenerife. Recuerdo que estaba siguiendo el encuentro por la radio y cuando nos adelantamos en el minuto 3 me creí que éramos invencibles. “Ya les hemos marcado el primero”.
Pronto me di cuenta que de invencibles nada. Que tarde o temprano llegarían los chascos. Y algunas veces sería por un arbitraje nefasto, como así fue aquel día.
En efecto, el colegiado Rubio Valdivieso expulsó a Bebeto antes del cuarto de hora por responder a una provocación de Fernando Redondo que, hoy en día, el VAR revisaría y expulsaría al argentino.
Pocos minutos después, otro error clamoroso del árbitro al expulsar a Djukic por considerar que era el último defensa cuando tenía otros compañeros al lado, dejó al Dépor con nueve en el campo en sólo veinte minutos. Al final 3-1 y el Tenerife que nos bajó de la nube. Con ayuda arbitral, pero finalmente nos ganaron.
Seguimos la temporada ganándole al Barça, recuperando el liderato y viviendo un cuento de hadas hasta que en la jornada 25 los tinerfeños nos devolvieron la visita al estadio de Riazor.
Nos pusimos 2-0 y lo que parecía una victoria cómoda que nos permitía seguir disputando el liderato se tornó en otro chasco cuando el Tenerife nos empató en el minuto 88 y en el 89 tras una torrija impresionante de todo el equipo. Y menos mal que el partido acabó ahí.
Para el recuerdo queda aquella escena que captaron las cámaras de televisión de Arsenio Iglesias marchando hacia los vestuarios sin esperar a que acabase el partido, golpeando las puertas, soltando alguna que otra blasfemia y gritando aquella frase de “¡¡¡ TANTO SUPER Y TANTA M..RD... !!!”.
Y es que es sabido lo poco que le gustaban al bueno de Arsenio esos halagos de SuperDépor y de todos aquellos halagos.
Una temporada, la 92-93, que fue un cuento de hadas para los deportivistas. Eso sí, fue también una campaña en la que nuestro rival de hoy nos bajó de la nube por partida doble. Mucho ha llovido desde entonces y muchas cosas nos han pasado a los dos conjuntos.