Quince partidos y quince puntos. No parece complicado para el Deportivo el camino hacia la permanencia, mínimo que cabe plantearse si se considera que el equipo viene de Primera RFEF y desde la propiedad del club se plantea un escenario de cuatro años de consolidación para considerarse favoritos al ascenso a la máxima categoría.
Buena parte del trabajo parece hecho y, sin embargo, nada está acabado con un calendario lleno de emboscadas, la primera la de este domingo a la hora de la comida en Riazor contra el Huesca. Ojalá no haya indigestión ante un equipo que muestra que los topes salariales, aún siendo obviamente importantes, no acaban de condicionar los rendimientos, y más en una categoría tan cainita como la de plata.
El caso es que el Huesca, con el menor gasto de la categoría en plantilla, es tercero y distancia al Deportivo en doce puntos. Podrían ser nueve el domingo, pero incluso en ese escenario surge Óscar Gilsanz para pedir sosiego y que no nos convirtamos en una afición de extremos.
El técnico pide luces cortas. “No podemos tener el objetivo a cuatro meses, sino en el siguiente partido”, argumenta un entrenador que sabe bien que en el fútbol lo que hoy es A mañana es B.
La cautela nunca fue una mala compañera para los técnicos del Deportivo. El recordado Arsenio Iglesias, en la eclosión del SúperDépor, recibió en el estadio municipal de Riazor a numerosos periodistas llegados de diferentes partes del orbe. Uno de ellos, un inglés, le preguntó sobre cual era su método. La respuesta fue lapidaria: “Mi método es la prudencia. No conozco uno mejor”. Por eso nos advertía que cuidado con la fiesta, que nos la quitaban de los fuciños. Y bien que nos la quitaron.
Gilsanz no es Arsenio, pero se maneja con el libreto de la sabia metodología del Zorro de Arteixo. A veces convienen esos inquilinos del banquillo moderados y juiciosos que se alejan de inventos y sofisticaciones. Sí, los que ponen a los buenos a jugar.
Quedan cinco partidos y el Deportivo está en la orilla, próximo a la meta que debería rearmarle si se hacen bien las cosas en los despachos. En ese punto conviene ser ponderado, remangarse y aparcar por un tiempo sueños de grandeza. Guardemos la ropa primero y después, tiempo habrá, ya nos tiraremos a la piscina del éxito.