24 segundos de partido. Tres posesiones. Tiempo muerto. Gus Lima hace un mal gesto. Se toca el gemelo derecho y deja el partido cojeando. Ya no vuelve a la pista. “Hay un primer análisis, es algo muscular, pero es mejor esperar a que le puedan hacer bien las pruebas”, desveló en la rueda de prensa Diego Epifanio, especialmente quejumbroso con los árbitros durante el partido. "Normalmente no suelo protestar mucho, pero creo que había razones", deslizó.
No era el mejor día para perder a un hombre de rotación. Y menos al pívot brasileño, ancla defensiva y máximo reboteador del Básquet Coruña. En un partido tan físico sus compañeros le echaron de menos. “Con tres ‘cincos’ hubiese sido más fácil, para estar más frescos, sobre todo en el rebote. Hemos intentado trampear en alguna situación, con Trey [Thompkins] al ‘5’, y tanto Goran [Huskic] como Atou [Diagne] han dado el máximo, pero han echado de menos a un compañero”, reconoce Epi.
El Leyma es un equipo alegre, a veces bisoño, no le sobran perros de presa como los que tiene el Manresa en todas las posiciones, gente muy física, que no se corta si tiene que dar un palo. La agresividad defensiva del equipo que dirige Diego Ocampo puso el listón muy bajo en el primer cuarto: entró en bonus en menos de cuatro minutos. Tuvo un efecto contraproducente: los árbitros se acostumbraron a un nivel de contactos tan fuerte, rozando el límite del reglamento en algunas ocasiones, que empezaron a mirar para otro lado.
Epi estuvo particularmente quejumbroso con los árbitros. No le hicieron caso. Y el público explotó: “Fuera, fuera”, gritó el Coliseum. Manresa, a lo suyo: duro atrás y acertado en ataque. En el momento de mayor ruido mantuvo la templanza y elevó la ventaja hasta los 20 puntos (26-46), su máxima renta en el partido, cuando faltaban poco más de dos minutos para el descanso. Llama poderosamente la atención que los dos equipos terminasen con el mismo número de faltas (26).
“Es muy meritorio lo que consigue Manresa con su energía y su actividad. Los demás tenemos que aprender a jugar con eso, pero también es cierto que su nivel de contactos y el nuestro no son para que acabemos el partido igual en faltas”, se mojó el técnico naranja, que salió de la protesta con un mensaje para sus jugadores.
“Tenemos que enfrentarnos a cualquier escenario, sin poner excusas. Si nos tocan y empujan todas las veces, tenemos que estar más centrados, respetar mejor el spacing, el timing y todo lo que dependa de nosotros. No podemos controlar el arbitraje. Solo pedirles que hagan su trabajo de la mejor manera, como nosotros. Seguro que yo he cometido algunos errores, pero ellos también”, zanjó.
Ocampo defendió el trabajo de los suyos y también de los árbitros: “Es normal lo que ha hecho el público, presionar a los árbitros y ayudar a su equipo. Nosotros jugamos con proactividad, a veces hay algún contacto, evidentemente, pero para eso hay unos jueces, que hacen bien su trabajo”.
El entrenador burgalés y los jugadores rindieron al terminar el partido su particular homenaje a la directiva que encabeza Roberto Cibeira. El presidente anunció su marcha en octubre, pero no será efectiva hasta la Junta de Accionistas que se celebrará el martes 17 de diciembre. Anoche fue su último partido al frente de la entidad en el Coliseum.
“Lo del final del partido era para agradecer a todas las personas de la directiva que han estado en este proyecto. Era una forma de reconocer su trabajo. Estaría encantado de haberles dedicado una victoria, pero no ha podido ser. Su trayectoria es para enmarcar, se van a quedar en el recuerdo de este club por su buen hacer y por las decisiones que han ido tomando. Solo puedo desearles lo mejor”, entonó Epi.