Peli vuelve a jugar cuatro meses después de una grave lesión medular
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Peli vuelve a jugar cuatro meses después de una grave lesión medular

Sufrió una caída de tres metros y le dijeron que no volvería a caminar - Sigue sin sensibilidad en las piernas, pero ya entrena
Peli vuelve a jugar cuatro meses después de una grave lesión medular
Iago Regueiro, en el entrenamiento del Cambre en Os Campóns | QUINTANA

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Hace cuatro meses no podía caminar, ni siquiera comer por su propia mano. Y ahora, ha vuelto a patinar. A Iago Regueiro, jugador del Cambre de 18 años, le cambió la vida una fatal caída de tres metros. Los pronósticos eran los peores. “Me dijeron que ni siquiera iba a poder respirar por mí mismo”, recuerda. La operación para descomprimirle la médula ósea evitó el peor desenlace y aunque con secuelas con las que tendrá que aprender a convivir, retoma poco a poco sus rutinas en la que el hockey sobre patines tiene un papel fundamental. En su equipo le estaban esperando y después de reincorporarse a los entrenamientos, el viernes disfrutó de su primer partido. “No llegué a jugar. Fui porque estaban justos y por si era necesario”, dice. 


Simplemente con estar allí ya era feliz, pensando de dónde venía: Una noche con amigos en Ferrol, donde estudia Ingeniería Industrial, que pudo terminar en tragedia. “Estaba en casa de unos amigos y en el patio había una claraboya que estaba pintada del color del suelo. No la vi, me tropecé, caí para atrás, se rompió y caí para abajo”, recuerda. Unos tres metros con un rescate difícil mientras él era consciente de lo que pasaba. “Yo ya me daba cuenta de que algo no iba bien porque me intenté levantar y no podía. Nunca llegué a perder la conciencia, pero no me acuerdo de la caída, me han explicado que el cerebro borra las partes más traumáticas y la verdad es que lo agradezco”, afirma.


Las primeras horas fueron angustiosas. “Lo pasé muy mal”, reconoce. En el Arquitecto Marcide constataron que la lesión era grave y lo trasladaron a Coruña, a la UCI de la Unidad de Lesionados Medulares, donde lo operaron de urgencia para intentar descomprimir la médula ósea lo máximo posible. “Dijeron que mis condiciones no eran las mejores para pasar por quirófano y que era posible que quedara todavía peor de lo que estaba”. Pero la intervención salió mejor de lo que se esperaban y en ese momento empezó la lucha por recuperar una vida casi normal. 


Su estancia allí duró un mes. “Iba a fisioterapia tres veces al día, una era opcional, pero iba todo lo que podía para estar lo menos posible en el hospital”. Pese a sus esfuerzos, adelgazó 15 kilos solo de masa muscular, le costaba mantenerse en pie e incluso caminar y había perdido sensibilidad en parte de su cuerpo. “Solo tengo en los brazos y del cuello para arriba. En dorso y piernas no siento lo que es frío, lo que es calor, dolor ni tampoco agotamiento”, indica. De hecho, cuando le dieron el alta, le pidieron que no hiciera mucho deporte y en el caso de hacerlo, que fuera con precaución. 


Pero Peli, como le conocen por el color de su pelo y que se había enamorado del hockey con 8 años cuando su tía le llevó a ver un partido del Liceo, donde empezó antes de pasarse al Cambre, se fijó como objetivo volver a disputar un partido. Por eso el día que se puso los patines era feliz. Aunque ahora, le pone más cabeza. “A la hora de tomar decisiones voy con más precaución, no tan a lo loco. Miro más los contactos, a qué sitios ir, a cuáles no. Pienso más en las acciones antes de hacerlas”, confiesa, “tanto en el hockey como en general, en la vida”. Sobre todo si esta te ha dado una segunda oportunidad. 

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