Dava Torres. ¡Qué locura! Quedaban cuatro segundos de un intenso partido en el que tras 49 minutos el Liceo y el Igualada estaban empatados a cuatro goles. Pero el capitán verdiblanco no perdió la fe. Con toda su fuerza y corazón, con toda la del liceísmo concentrado en su stick, chutó desde el centro de la pista y mandó la bola a la escuadra para su cuarto gol de la tarde, el quinto del equipo coruñés que jugará este sábado a las 18.15 horas la semifinal de la Copa del Rey contra el Reus, que le ganó 2-1 al Calafell.
Torres acabó con el toma y daca y sentenció un duelo con muchos aciertos, pero también errores, muchos más de los que a Juan Copa le hubiese gustado porque tres de los cuatro tantos rivales llegaron por fallos propios y el cuarto, por el de los árbitros. Uno de esos había sido del propio coruñés, que perdió en zona prohibida y a la contra el Igualada anotó el 2-3. Otro, de Martí Serra, al que el 4-4 se le coló entre las piernas. No se merecían, justo ellos, despedirse así de la Copa. Hoy disfrutarán de esa vida extra, ya a las puertas de la final de un torneo sin rey.
El Liceo salió mejor, con más agresividad, siguiendo el ritmo de Dava Torres, que se puso la mochila con las piedras de la responsabilidad sin que estas le lastrasen, parecían más bien alas. El primer aviso fue a la contra. Robó Cervera en media pista, corrió a la transición y asistió a Xaus al segundo palo, donde se lió y no pudo empujar a gol el pase. Carballeira lo probó desde lejos, con uno de sus trallazos.
Era muy clara la superioridad verdiblanca y el capitán se encargó de plasmarla en el marcador con un disparo de media distancia, con un amago previo que sirvió lo justo para sorprender a Guillem Torrents, que se tiró antes de tiempo y vio como la bola entraba por encima de su manopla. Muntané pidió tiempo muerto, molesto por la falta de tensión de sus jugadores. “Si no metemos manos hoy, ¿cuándo las vamos a meter?”, les gritó. Una arenga que surtió efecto porque la actitud cambió al cien por cien. Subió la intensidad, se igualó el nivel de presión de ambos contendientes y ninguno cedía ni un centímetro, lo que convertía cada ataque y cada defensa en un cuerpo a cuerpo en el barro.
La reacción definitiva llegó con la entrada desde el banquillo de Joel Roma, que le dio la vuelta al marcador en apenas dos minutos. Una pérdida de Tato Ferruccio, que también acababa de entrar, propició el primero. A la contra, Edu Fernández tiró de veteranía para dar el pase a su compañero en el momento justo. Empate. Después, un tiro lejano de Bars fue desviado a gol con la mano por Roma. Un árbitro señaló que el tanto era válido, el otro que no, charlaron en el centro de la pista y dictaminaron que subiera al marcador pese a ser completamente ilegal.
El partido estaba desatado, sin control, con dos equipos que peleaban cada bola como si fuera la última. Ferruccio enmendó su error anterior provocando un penalti. Torres, con calma pese a la urgencia, para convertir el 2-2 con el que se llegó al descanso.
En el arranque del segundo tiempo hubo intercambio de ocasiones. Los dos equipos ajustaron mejor la defensa, atentos a no cometer los mismos errores que les habían costado caro en el primero. Así era más difícil sorprender. El Liceo tenía el peso del juego pero el Igualada creaba peligro, a veces incluso plantándose frente a Serra en apenas dos pases. Pura velocidad.
La eliminatoria se acercaba a los últimos diez minutos cuando Torres, en uno de sus únicos errores del encuentro, perdió la bola y no había nadie por detrás de él para hacer de red. Cañadillas no se lo pensó. Corrió, con un gancho se deshizo de Serra y remató a gol. Otra vez el Liceo iba por detrás y otra vez respondía, esta con solo cuarenta segundos de diferencia. Torres desde detrás de la portería buscó a Xaus, le bola chocó en dos sticks, se elevó y pasó por encima de Torrents para entrar. Los goles así también valen y los árbitros se lo concedieron al capitán.
Aún le quedaba una vuelta de tuerca al partido. El Igualada se puso en nueve faltas, con la directa como amenaza. No llegaría, pero sí una azul a Marc Rouzé por rebañar con su stick a Cervera. Xaus no aprovechó la directa pero en superioridad, Juan Copa sacó un arma escondida en el banquillo, Tato Ferruccio. Algo estaba ya ensayado porque nada más salir, bola al área, la tocó el argentino y puso por delante a un Liceo que a falta de 4:38, tenía que jugar con cabeza.
Los coruñeses, sin embargo, renunciaron demasiado a jugar y el Igualada encontró el empate con un disparo de Ruano que se le coló a Serra entre las piernas. Quedaban 2:24 y el partido, salvo bola parada, parecía abocado a la prórroga. No si Dava Torres lo impedía. Era su día. Patinó, buscó el mejor sitio para disparar y casi desde el centro de la pista mandó la bola a la escuadra.