Al deportivismo se le atragantó el bocadillo este domingo al mediodía, horario en el que se citaron Deportivo y Huesca en Riazor. Un empate sin goles, insuficiente para muchos, que creen que los blanquiazules merecieron más.
Todavía hace falta ensayar más la canción ‘1906’ de Jesús Suárez, que acompaña la salida de ambos equipos en Riazor. Y eso a pesar de que se puede seguir la letra a través de los videomarcadores. Solo se escuchó con algo más de fuerza el “Forza Dépor, campión”. Merecido fue el homenaje a Raquel, la joven árbitra que sufrió acoso el pasado sábado en un partido de prebenjamines entre Victoria y Silva.
Ella leyó el manifiesto dentro de la campaña “LaLiga vs Odio”, que al principio apenas se escuchaba, debido a los cánticos de parte de la grada. Estos cesaron poco después de que tomase la palabra cuando pidió “un fútbol sin insultos, ni violencia”.
Los ánimos rápidamente se calentaron. Aún no se había cumplido el diez de partido y muchos aún comenzaban a desenvolver al aluminio de sus bocatas cuando Pablo Vázquez, tras un centro medido de José Ángel, marcaba el primero. Pero en este “fútbol moderno” muchas dianas tienen su dosis de suspense y esta no fue una excepción. Llamada del VAR, revisión del colegiado Arcediano Monescillo y música de viento. Los videomarcadores mostraban la imagen de la polémica, una posible mano del de Gandía en el área. Silbidos y atronador ruido cuando el gol fue anulado.
Cánticos contra el presidente de LaLiga, Javier Tebas, y cabreo del respetable al regresar las tablas al luminoso. Tocaba remar de nuevo y lo intentaba el Dépor, con chispazos de Mella, Yeremay y Eddahchouri. Este último se está convirtiendo en uno de los ídolos de la afición y con cada disparo levantaba a la hinchada. Él mismo pedía a los seguidores un extra de apoyo, alzando los brazos para que los hinchas diesen un paso adelante. Porque, puede que motivado por el horario del partido o lo plomizo, a veces, que resultó el encuentro, las arengas tuvieron intervalos de intensidad en los decibelios. Como si la afición funcionase a ralentí. No ayudaba a caldear el ambiente el juego, pero sí el colegiado, para la hinchada con diferente criterio entre el Dépor y el Huesca, menos castigado con las tarjetas, a pesar de la dureza empleada.
Tampoco entendió la grada el cambio de Eddahchouri, al que respondió con silbidos, para posteriormente saludar con aplausos la entrada de Iván Barbero. Enfadada con los trueques al filo del añadido, la afición mostró su desacuerdo también con el trencilla. El Dépor sacó un córner y quiso ejecutar otro, pero se habían cumplido los cuatro minutos extra y el árbitro indicó el final.
Pitada para despedirlo y poco más. Algún aplauso, silencio y retirada de la afición de un Riazor al que el encuentro, en la sesión vermú, se le atragantó.