Diez años de un asesinato sin resolver
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Diez años de un asesinato sin resolver

Diez años de un asesinato sin resolver
Manifestación ante los juzgados coruñeses un año después de los sucesos en Madrid | Quintana

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Hoy hace ya diez años de aquella aciaga mañana otoñal en la que al fútbol español se le heló la sangre con un enfrentamiento que a todos cogió con el paso cambiado y en el que, sobre todo, una persona perdió la vida golpeada y arrojada al río Manzanares, en Madrid. Allí murió Francisco Javier Romero Taboada, conocido como Jimmy o como Abuelo. Tenía 41 años y era padre de un hijo. Diez años después no hay culpables de aquel asesinato mientras el caso va y viene entre archivos, aperturas y testimonios que no acaban de definir lo que allí sucedió y sobre todo de hacer justicia.


Lo que hay son un par de sentencias a partir de las cuales se puede empezar a entender que sucedió aquel día. Y pocas soluciones: la violencia ultra en el fútbol sigue vigente.

 

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El caso que debe resolver la muerte del seguidor deportivista está abierto y en manos de la Audiencia Provincial de Madrid que hace poco más de un año lo reabrió de un sonrojante archivo decretado por “ausencia de autor conocido”. Antes hubo dos fallos que cerraron sumarios abiertos como el que se siguió contra tres menores implicados en los sucesos. Así en febrero de 2016 se consideraron como hechos probados por parte de un juzgado madrileño que “aficionados radicales de ambos clubs con carácter previo al encuentro se citaron, a través de distintas redes sociales y mensajes de telefonía, para reunirse en las inmediaciones del estadio con el único fin de agredirse mutuamente”. Así lo asegura la jueza Victoria Rojo, que detalla como varios centenares de aficionados del Atlético de Madrid se personaron a las ocho de la mañana del día 30 de noviembre en un lugar acordado bajo las consignas “armados hasta los dientes”, “sin dudas y con mucho odio” o “Atlético o muerte”.

 

Los menores

La sentencia realiza una cruda descripción de los sucedido con Jimmy. “En un momento de la reyerta, el menor Á. C. G. tras observar cómo un joven mayor de edad golpeaba en la cabeza al aficionado del Deportivo Francisco Javier Romero Taboada, y que éste caía al suelo, valiéndose de la defensa extensible que portaba le golpeó con ésta en la zona abdominal, y con ánimo de causarle la muerte, continuó propinándole golpes ayudado por otros tres jóvenes mayores de edad. Posteriormente, y a sabiendas de su crítico estado, algunos de ellos le lanzaron al río Manzanares”, explica la sentencia. Entre ellos no estaba A. C. G., que fue condenado a seis años de internamiento en régimen cerrado y dos más en libertad vigilada.  
Los forenses determinaron que Jimmy ya estaba muerto cuando fue arrojado a aquellas heladas aguas, en las que también acabó otro aficionado deportivista que pudo salir de ellas por su propio pie.  “Sin duda alguna lo que le produjo la muerte fueron los numerosos que recibió en el abdomen, lo que le produjo la rotura del bazo y un derrame severo de sangre que resultó letal”.

 

Una casualidad

En diciembre de 2022 otra sentencia de un juzgado madrileño decretó multas económicas que no superaron los 1.350 euros para 75 personas acusadas de participar en la reyerta. 71 de ellos, seguidores de Atlético y Deportivo, reconocieron los hechos. La sentencia declara probado que los seguidores deportivistas estaban en un bar y vieron pasar casualmente a los del Atlético y comenzaron las acometidas entre unos y otros. El fiscal había relatado que se habían citado “en redes sociales para acudir a las 9.00 horas a los alrededores del estadio Vicente Calderón “con la única motivación de demostrar al otro grupo la primacía de su equipo y de la ideología con la que se identifica”. Algunos de ellos portaban “armas prohibidas e instrumentos peligrosos como palos de madera, de aluminio, porras, bates de béisbol, navajas, mosquetones, defensas extensibles”, explicó el fiscal.  


En toda esa cronología de la sinrazón los agentes policiales que declararon en sede judicial seguraron que no tenían conocimiento de que ultras de ambos equipos se hubiesen citado. El caso es que de una u otra manera, la violencia campó en el Manzanares. Una persona lo pagó con su vida. Poco después de ser sacado del río el partido comenzó a jugarse.

 

Un error en la investigación lastró todas las pesquisas

La investigación del asesinato de Jimmy se torció desde el primer momento. Hay vídeos que reflejan lo que sucedió en el Manzanares, pero ocurrió algo que se calificó como “error garrafal” desde fuentes policiales  y que tiene que ver con una confusión por la que se inculpó de inicio a las personas que habían lanzado río a Santi A. M., el otro aficionado deportivista que a la postre pudo salir indemne, que no había recibido como Jimmy golpes mortales de necesidad. 

 

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No se produjo una identificación plena de las personas que participaron en el linchamiento de Jimmy, apenas se apuntó a los tres menores condenados. La sucesión de testimonios  abrieron, cerraron y reabrieron el caso durante los últimos años. Ahora se trabaja en la línea de que las mismas personas que agredieron y arrojaron al río a Santi hiciesen lo propio con Jimmy. Un hecho y otro apenas estuvieron separados por 43 segundos. Y se apunta hacia la identificación de dos personas a través del análisis de imágenes de un perito experto contratado por LaLiga. En cuanto al menor, Á. C. G. que recibió la mayor de las condenas por su participación en los hechos, el diario El Mundo apuntaba ayer que ha participado recientemente en otros altercados propiciados por ultras del Frente Atlético.

 

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Lo sucedido hace diez años en Madrid alteró también los protocolos contra la violencia ultra en España. Pero no se ha acabado con un fenómeno contra que LaLiga prometió fulminar. “Vamos a buscar la disolución de los grupos violentos”, apunta Javier Tebas, que este mes durante un evento en Madrid advirtió de que el silencio cómplice es tan peligroso como la participación. 


En el recuerdo queda el campo de batalla en el que ya ni siquiera hay estadio de fútbol cerca. El dueño del local frente al que se montó el gurigay denunció que le destrozaron 35 sillas y diez mesas. Los ultras utilizaron palos, piedras, bates y estacas. Además los agentes de la Policía Nacional se incautaron de navajas, guantes, petardos, bengalas, tacos y palos de madera, tubos de PVC, y aluminio o punzones  de los que sirven para levantar alcantarillas. El Frente Atlético, un grupo que abraza una ideología neonazi, no ha dejado de protagonizar encontronazos violentos en esta última década y en concreto desde 2015 a 2023 LaLiga ha documentado 142 incidentes promovidos por este colectivo. El fenómeno ultra se ha fortalecido en los últimos años a nivel global, se ha alejado del hooliganismo futbolero y se describe ahora a partir de jóvenes adictos al gimnasio que se estructuran en pequeño ejércitos. 

 

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El último repunte ultra más notorio tuvo lugar justamente en A Coruña con la llegada de seguidores descontrolados del Málaga y la contestación de radicales deportivistas que se organizaron para salir a su encuentro. Por suerte no se vieron las caras. 

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