Es una de las preguntas que se hace el deportivismo en estos momentos. ¿Qué le pasa al equipo en Riazor? El campo que tendría que ser el principal suministrador de puntos de la temporada no está cubriendo ni mucho menos las expectativas en este apartado. Menos mal que los resultados a domicilio sí están permitiendo al Dépor mantenerse fuera de la zona de descenso.
Con todo, nos hacemos una nueva pregunta. ¿Es positivo ejercer de local en un campo como Riazor? Yo lo tengo claro. Por supuesto. Porque, para empezar, es un recinto que presenta una magnífica entrada cada dos semanas. Da igual que llueva, que sea un partido en día laborable... La afición hace lo imposible para que su equipo se sienta arropado. Esos mismos seguidores que esta temporada están viendo más decepciones que alegrías. Ahí están los números: cinco derrotas, cuatro empates y solo tres victorias.
Desde luego, nada que ver con la temporada pasada, sobre todo en el tramo final. Pero ya sabíamos que subir de categoría conlleva una exigencia mucho mayor.
En Segunda, los errores se pagan, como pudo apreciarse el sábado en el partido frente al Levante. Y, poco a poco, siguen pasando equipos por Riazor y siguen volando los puntos.
Alguna vez se ha hablado de la presión que pueden tener los jugadores locales en un campo como el blanquiazul. Al que no solo van muchos espectadores, sino que cuenta con una historia como pocos. De todas formas, es como todo. Depende del enfoque. Creo que jugar en Riazor tendría que ser para los componentes de la plantilla del Dépor todo un privilegio. Es uno de los mejores campos de España. Va a volver a acoger partidos de un Mundial. Aquí se juega cada verano el Teresa Herrera. Es un lugar especial para los coruñeses y también para la gente que viene de fuera. “Mira, ahí está el estadio de Riazor”, dice el visitado. “Ah, pues voy a sacarle una foto”, responde el visitador.
Está claro que Riazor, por sí solo, no gana partidos. Pero puede ser la fuente de inspiración para que los que saltan al campo se sientan cómodos, confiados y dispuestos a derrotar al rival.
Por desgracia, esto no está sucediendo. No hay fórmulas mágicas. Pero sí hay tiempo para reflexionar sobre este tema. E intentar ver Riazor como una ventaja.
Siempre va a haber gente que pite, que exprese su opinión. Normal, hay más de 20.000 personas en las gradas y casi tantas maneras de valorar la situación actual. Pero lo realmente importante ocurre sobre el terreno de juego. Ahí es donde se cometen los aciertos y los errores, se meten los goles y se fallan las ocasiones. Ahí es donde la plantilla del Dépor tiene que dar un paso más y esforzarse para sacar adelante los tres puntos.
Esperemos que dentro de poco Riazor vuelva a ser un fortín. Habrá alguien que me responda diciendo “ojo, que el próximo visitante es el Almería, que aunque perdió ayer va como un tiro”.
Pero en Riazor se le puede ganar a cualquiera. Y a ver si antes de que termine la temporada podemos aprovechar esta, creo yo, ventaja.